No escribo esto desde la distancia académica ni desde el lenguaje institucional. Lo escribo como joven colombiano nacido en 2003, como alguien que ha crecido viendo cómo la educación, la tecnología, la espiritualidad y la sociedad se cruzan, chocan y se transforman todos los días. Como alguien que ha aprendido —a veces con golpes— que reinventarse no es una moda, es una necesidad vital.
Cuando El Tiempo habla de cómo la Javeriana no para de reinventarse, no se refiere solo a nuevos edificios, programas actualizados o rankings. Habla de una mentalidad. De una universidad que parece entender que el mundo que estamos heredando no se puede enfrentar con las mismas respuestas de hace veinte, diez o incluso cinco años.
Vivimos en una época extraña. Tenemos acceso inmediato a información, inteligencia artificial que escribe, diagnostica y predice, redes sociales que conectan y aíslan al mismo tiempo, y una generación joven que carga más ansiedad que certezas. En medio de todo eso, la educación ya no puede limitarse a transmitir contenidos. Tiene que formar criterio, conciencia y sentido.
Eso es lo que más me llama la atención del enfoque que viene tomando la Javeriana. No se trata solo de “actualizar” carreras, sino de repensar para qué estamos formando profesionales. ¿Para repetir procesos? ¿Para obedecer sistemas que ya no funcionan? ¿O para cuestionar, proponer y construir algo distinto?
En casa siempre se habló mucho de educación como proceso integral. No solo estudiar para “ser alguien”, sino para entender quién eres, cómo impactas al otro y qué responsabilidad tienes con la sociedad. Esa idea la he visto reflejada muchas veces en textos y reflexiones del blog Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com), donde se insiste en que el conocimiento sin conciencia puede volverse peligroso. La Javeriana, desde su tradición humanista, parece caminar por esa misma línea: formar personas antes que títulos.
Y eso no es menor. Porque hoy abundan los discursos sobre innovación, pero pocos se preguntan innovación para qué. La universidad que se reinventa no es la que solo corre detrás de la tecnología, sino la que decide cómo usarla sin perder el sentido humano. En eso, el diálogo entre tecnología, ética y espiritualidad se vuelve clave.
Lo digo como joven que vive conectado, pero que también busca silencio. Que usa herramientas digitales, pero que sabe que no todo se resuelve con un algoritmo. En ese equilibrio es donde la educación superior tiene uno de sus mayores desafíos. Y ahí es donde veo que la Javeriana intenta no quedarse cómoda.
Reinventarse también implica reconocer que el conocimiento ya no está encerrado en aulas. Hoy aprendemos en blogs, en conversaciones, en experiencias laborales tempranas, en comunidades digitales. Por eso valoro cuando las universidades entienden que deben dialogar con el mundo real, con las empresas, con los territorios y con las personas.
En ese punto, conecto mucho con lo que se plantea desde Organización Empresarial TodoEnUno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com), donde se habla de empresas, educación y tecnología como sistemas vivos que deben adaptarse a contextos complejos. La universidad no puede seguir formando para un mercado que ya no existe, ni para organizaciones que se resisten a evolucionar.
La Javeriana parece haber entendido que su rol no es solo académico, sino social. Su apuesta por la investigación aplicada, por la innovación con impacto y por el diálogo interdisciplinar va en línea con lo que muchos jóvenes sentimos: queremos aprender, sí, pero también queremos servir, aportar y transformar.
Y aquí entra algo que para mí es fundamental: la espiritualidad. No entendida como dogma, sino como conciencia. Como la capacidad de preguntarse por el sentido de lo que hacemos. En Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com) se repite una idea que me acompaña mucho: no todo lo importante se puede medir, pero todo lo verdaderamente importante se siente.
Cuando una universidad logra integrar razón, emoción y propósito, algo distinto ocurre. No forma solo profesionales competentes, sino seres humanos más despiertos. Y eso, en un país como Colombia, no es un lujo: es una urgencia.
También pienso en los retos que vienen. Inteligencia artificial, automatización, crisis ambiental, polarización social, economías inestables. ¿Cómo preparar a los estudiantes para un futuro que nadie puede predecir con certeza? Tal vez la respuesta no esté en enseñar todas las herramientas, sino en enseñar a aprender, desaprender y volver a aprender.
Ese enfoque conecta con muchas reflexiones que he compartido en El blog Juan Manuel Moreno Ocampo (https://juanmamoreno03.blogspot.com), donde hablo de la juventud no como sinónimo de inexperiencia, sino como una etapa de preguntas profundas. La educación que vale la pena no es la que lo responde todo, sino la que enseña a convivir con la duda sin paralizarse.
Reinventarse también implica incomodar. Cambiar estructuras, revisar métodos, escuchar críticas. Y eso no siempre es cómodo para instituciones grandes. Por eso, cuando una universidad con décadas de historia decide moverse, revisar sus modelos y abrirse al diálogo, hay que reconocerlo.
No idealizo. Sé que ninguna institución es perfecta. Pero también sé que el inmovilismo es mucho más peligroso que el error. Prefiero una universidad que se equivoque intentando transformarse, que una que se quede quieta defendiendo su prestigio mientras el mundo cambia afuera.
En Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com) hay una frase que recuerdo mucho: “La vida no se estanca por falta de oportunidades, sino por miedo a moverse”. Creo que eso aplica también a la educación. La Javeriana, al menos desde lo que se observa, ha decidido moverse.
Como joven, eso me da esperanza. Porque necesitamos referentes institucionales que no nos traten como clientes ni como números, sino como personas en proceso. Que entiendan que esta generación no solo quiere trabajar, sino vivir con sentido.
La reinvención no es una meta, es un camino. Y en ese camino, universidades, empresas, familias y jóvenes tenemos que caminar juntos. Nadie se transforma solo. Nadie aprende solo. Nadie crece sin cuestionarse.
Tal vez por eso este tema me resonó tanto. Porque no habla solo de una universidad, sino de una actitud frente a la vida: la de no quedarse igual cuando todo alrededor cambia.
Agendamiento: Whatsapp +57 310 450
7737
Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo
Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo
Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros
grupos
Grupo de WhatsApp: Unete a nuestro
Grupo
Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal
Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo
👉 “¿Quieres más tips como
este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario