jueves, 8 de enero de 2026

Cuando un gato te elige: lecciones de paciencia, cuidado y presencia al criar a tu primer compañero



Hay momentos de la vida en los que uno no busca respuestas grandes, sino compañía silenciosa. A veces llega en forma de una conversación inesperada, otras veces en una noche larga frente al computador, y muchas veces —más de las que admitimos— llega en forma de un gato que aparece sin hacer ruido y decide quedarse. No porque se lo pidas, sino porque te elige.

Hablar de la crianza del primer gato en casa no es solo hablar de arena, comida o juguetes. Es hablar de límites, de respeto, de aprender a convivir con otro ser vivo que no entiende de órdenes, pero sí de energía. Yo lo aprendí desde muy joven, observando en casa cómo los animales no se adaptan a nosotros, sino que nos obligan a adaptarnos a ellos. Y eso, en un mundo que corre tan rápido, es una lección profunda.

Muchos artículos —como el que recientemente circuló en El Tiempo— hablan de errores comunes y cuidados básicos. Y sí, son necesarios. Pero hoy, con más información disponible, con mayor conciencia sobre bienestar animal y con una generación que empieza a cuestionarlo todo, vale la pena ir un poco más allá. Porque criar un gato no es un checklist, es un proceso de transformación personal.

El primer error que solemos cometer es creer que un gato es “fácil”. Que porque no hay que sacarlo a pasear, entonces no requiere atención. Esa idea sigue muy presente y es injusta. Un gato necesita presencia, aunque no la exija. Necesita que respetes su espacio, pero también que estés disponible. Es una relación curiosa: cuanto menos lo fuerzas, más se acerca. Y eso, curiosamente, se parece mucho a las relaciones humanas sanas.

Recuerdo haber leído reflexiones similares en Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com/), donde se habla de los vínculos desde la observación cotidiana, sin adornos. Criar un gato es, en esencia, aprender a observar. A entender que no todo se controla, que no todo se explica, que hay silencios que también comunican.

Otro error frecuente es humanizarlos en exceso. Vestirlos, cargarlos cuando no quieren, obligarlos a interactuar. No porque sea malintencionado, sino porque proyectamos. El gato no necesita ser un humano pequeño; necesita ser gato. Necesita trepar, esconderse, rascar, mirar por la ventana durante horas. Cuando no le damos eso, no solo se estresa él: nos frustramos nosotros.

Aquí entra algo que se conecta mucho con lo que he leído y escrito en El blog Juan Manuel Moreno Ocampo (https://juanmamoreno03.blogspot.com): aprender a convivir sin invadir. En una sociedad donde todo compite por atención, un gato te enseña que el amor no siempre es ruido. A veces es simplemente compartir el mismo espacio sin exigencias.

Los cuidados iniciales, claro, son importantes. Una visita temprana al veterinario, vacunas al día, desparasitación, esterilización responsable. Hoy ya no es opcional: es parte del compromiso ético. También lo es elegir una alimentación adecuada, no solo la más barata. La salud a largo plazo del gato depende mucho de esas decisiones tempranas, algo que hoy está respaldado por estudios actuales sobre nutrición felina y bienestar animal.

Pero hay un cuidado del que poco se habla: el emocional. Un gato recién llegado está desubicado. No entiende por qué cambió todo. Algunos se esconden días, otros maúllan sin parar. Y ahí es donde muchos se rinden. “Es que no se deja”, “es muy arisco”, “no es cariñoso”. Pero, ¿y si el problema no es el gato, sino nuestra prisa?

Vivimos apurados. Queremos resultados inmediatos, incluso en el afecto. Un gato te obliga a bajar el ritmo. A respetar los tiempos del otro. A entender que la confianza no se compra ni se exige. Se construye. Esta idea aparece mucho en Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com/), donde se habla de la paciencia como acto espiritual cotidiano, no como discurso religioso, sino como práctica real.

También está el error de no preparar el entorno. Un gato no “se adapta solo”. Necesita espacios verticales, zonas seguras, lugares donde sentirse dueño. No se trata de llenar la casa de cosas caras, sino de pensar el hogar desde otra mirada. Algo muy parecido a lo que se plantea en Organización Empresarial TodoEnUno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/) cuando se habla de diseñar espacios que respeten a las personas. Cambia personas por animales y la lógica sigue funcionando.

Hay quienes se sorprenden cuando el gato rasca muebles o tira cosas. Pero rara vez se preguntan si el entorno estaba preparado para su naturaleza. No es rebeldía: es instinto. Y cuando entiendes eso, dejas de pelear y empiezas a ajustar. Esa transición —de imponer a comprender— es una de las grandes enseñanzas que deja convivir con un animal.

En los últimos años también ha crecido la conciencia sobre la responsabilidad legal y ética. El abandono animal ya no se mira igual. Y menos mal. Así como hablamos de protección de datos o de responsabilidad empresarial en espacios como Cumplimiento Habeas Data (https://todoenunonet-habeasdata.blogspot.com/), también deberíamos hablar de responsabilidad afectiva con los animales. Adoptar no es una moda. Es una decisión de largo plazo.

Criar un gato siendo joven, en medio de estudios, trabajo, redes sociales y ruido digital, es casi un acto de resistencia. Te obliga a volver al presente. A observar cómo duerme, cómo se estira, cómo te mira sin juzgar. Y en esos momentos entiendes algo que no te enseñan en ninguna guía: el gato no vino a llenar tu casa, vino a acompañar tu proceso.

En Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com/) se habla mucho de las señales pequeñas, de cómo lo sagrado no siempre llega en formas grandiosas. A veces llega en cuatro patas, con bigotes, y se acurruca al lado tuyo cuando no estás bien, sin saber por qué.

No todo será perfecto. Habrá pelos, arañazos, gastos inesperados, noches interrumpidas. Pero también habrá calma, presencia y una forma distinta de sentir compañía. Criar un gato no te hace mejor persona automáticamente, pero sí te pone frente a tus propias incoherencias. Y si estás dispuesto a aprender, te transforma.

Tal vez por eso siento que este tema va más allá de errores y cuidados. Habla de cómo vivimos, de cómo nos relacionamos, de qué tan dispuestos estamos a cuidar sin controlar. Y eso, para alguien de mi generación, es una pregunta urgente.

¿Sentiste que esto te habló directo al corazón?
Escríbeme, cuéntame tu historia o compártelo con quien sabes que lo necesita.

Agendamiento: Whatsapp +57 310 450 7737

Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo

Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo

Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros grupos

Grupo de WhatsApp:    Unete a nuestro Grupo

Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal  

Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo

👉 “¿Quieres más tips como este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.

Juan Manuel Moreno Ocampo
“A veces no hay que entender la vida… solo vivirla con más verdad.”

No hay comentarios.:

Publicar un comentario