Desde que tengo memoria, los gatos han sido una especie de espejo silencioso. No hablan como los humanos, no explican lo que sienten con palabras largas ni justifican sus silencios, pero están ahí, observándolo todo, recordándonos que la vida no siempre necesita ruido para ser profunda. Tal vez por eso, cuando alguien decide tener su primer gato, no solo está adoptando una mascota: está aceptando una pequeña lección diaria sobre respeto, paciencia, límites y presencia.
La guía clásica sobre cómo criar un primer gato —como la que circula en medios tradicionales— suele hablar de errores comunes, cuidados iniciales, alimentación, visitas al veterinario y cajas de arena. Todo eso es importante, claro que sí. Pero siento que hay algo que casi nunca se dice y que, con el paso del tiempo, he entendido desde la convivencia real: criar un gato también es un proceso de crianza personal. El gato no llega a adaptarse solo a tu casa; tú también tienes que adaptarte a su forma de habitar el mundo.
Uno de los primeros errores que cometemos, sobre todo cuando venimos de criar perros o de una cultura muy humana-céntrica, es pensar que el gato “debe” comportarse como esperamos. Queremos que sea cariñoso cuando nosotros queremos, que juegue cuando tenemos tiempo, que no se suba a ciertos lugares, que entienda nuestras reglas. Pero el gato no llega como una hoja en blanco. Llega con instinto, con memoria genética, con una lógica propia. Y ahí aparece la primera lección: no todo en la vida existe para complacernos.
Los gatos necesitan tiempo. Tiempo para explorar, para oler, para esconderse, para observar desde lejos. Forzar el contacto, cargarlos apenas llegan a casa o exponerlos a demasiadas personas en los primeros días suele generar estrés, miedo y desconfianza. Esto no es solo un consejo veterinario; es una metáfora perfecta de nuestras relaciones humanas. ¿Cuántas veces hemos invadido procesos ajenos por ansiedad, por apego, por necesidad de afecto inmediato?
En casa aprendí que respetar el ritmo del gato es un acto de amor. Preparar un espacio tranquilo, permitirle tener refugios, entender que esconderse no es rechazo sino autoprotección. Ese aprendizaje, curiosamente, conecta mucho con reflexiones que he leído y vivido en textos como los de Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com/), donde se habla de procesos, de no forzar la vida, de entender que cada ser tiene su propio tiempo de florecer.
Otro error frecuente es subestimar la importancia del entorno. Un gato no necesita solo comida y agua; necesita estímulos. Rascar no es un “mal comportamiento”, es una necesidad biológica. Saltar, trepar, observar desde lo alto, cazar juguetes imaginarios… todo eso forma parte de su equilibrio emocional. Cuando no lo entendemos, castigamos lo que no deberíamos castigar y luego nos preguntamos por qué el gato está agresivo o distante.
Aquí hay algo profundo: muchas veces castigamos en otros lo que simplemente no entendemos. En vez de adaptar el entorno, exigimos adaptación unilateral. Y eso, tarde o temprano, rompe vínculos. En el mundo organizacional pasa lo mismo, algo que se analiza desde otra perspectiva en Organización Empresarial TodoEnUno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/), donde se insiste en que los sistemas deben diseñarse para las personas, no al revés. Con los gatos ocurre exactamente igual.
La alimentación es otro punto clave que suele abordarse de forma técnica, pero que tiene una dimensión ética. No todo lo que vende el mercado es bueno. Un gato es un carnívoro estricto, y darle comida inadecuada por comodidad o desconocimiento puede afectar su salud a largo plazo. Aquí aparece una responsabilidad silenciosa: cuando adoptamos, asumimos el cuidado integral de otro ser vivo. No es solo “quererlo”, es informarse, invertir, priorizar.
Este tema de la responsabilidad consciente conecta mucho con lo que se reflexiona en Todo En Uno.NET (https://todoenunonet.blogspot.com/), donde se habla de decisiones cotidianas, de tecnología, de vida moderna, pero siempre desde una pregunta de fondo: ¿somos realmente conscientes de las consecuencias de lo que hacemos?
También está el tema de la salud y las visitas veterinarias. Muchos esperan a que algo “grave” pase para actuar. Pero los gatos, por naturaleza, esconden el dolor. Cuando muestran síntomas, a veces ya es tarde. Vacunarlos, desparasitarlos, esterilizarlos no es exageración, es prevención. Y la prevención, en cualquier ámbito de la vida, siempre es un acto de amor maduro, no de miedo.
Hay otro error más sutil, casi invisible: proyectar nuestras emociones en el gato. Pensar que nos “ignora”, que es “frío”, que “no nos quiere”. El gato demuestra afecto de formas distintas: se queda cerca, duerme en el mismo espacio, parpadea lentamente, te da la espalda en señal de confianza. Aprender a leer ese lenguaje es aprender a escuchar sin palabras. Algo que, curiosamente, también se trabaja desde la espiritualidad cotidiana que se comparte en Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com/), donde se recuerda que no todo mensaje llega con ruido.
Convivir con un gato también confronta nuestras contradicciones. Queremos independencia, pero nos duele cuando no nos buscan. Decimos amar la libertad, pero nos incomoda no tener control. El gato te enseña que el amor no se exige, se ofrece. Que el vínculo auténtico nace del respeto mutuo, no de la imposición.
En lo personal, escribir sobre esto me ha hecho conectar con reflexiones que he ido dejando en El blog Juan Manuel Moreno Ocampo (https://juanmamoreno03.blogspot.com/), donde muchas veces hablo de crecer, de observar la vida desde lo simple, de aprender de lo cotidiano. Un gato no es un accesorio, es un maestro silencioso. Te obliga a bajar el ritmo, a observar, a aceptar que no todo gira alrededor de ti.
Incluso desde lo simbólico, el gato representa algo poderoso: presencia. Está donde está. No vive en el pasado ni en el futuro. Y eso, en una sociedad hiperconectada, ansiosa y saturada, es casi un acto revolucionario. Algo muy alineado con los mensajes breves pero profundos que se encuentran en Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com/), donde se invita a pausar, a reflexionar, a mirar hacia adentro.
Criar a tu primer gato no es seguir una lista de chequeo. Es aprender a convivir con otro ser desde la conciencia. Es equivocarse, corregir, observar, volver a intentar. Es aceptar que no todo se controla, que el amor verdadero no es posesión, y que incluso en el silencio hay compañía.
Si estás a punto de adoptar o acabas de hacerlo, o si ya convives con un gato y sientes que algo de esto te resonó, tal vez la pregunta no sea solo “¿estoy cuidando bien a mi gato?”, sino también “¿qué me está enseñando esta convivencia sobre mí?”.
Agendamiento: Whatsapp +57 310 450
7737
Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo
Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo
Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros
grupos
Grupo de WhatsApp: Unete a nuestro
Grupo
Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal
Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo
👉 “¿Quieres más tips como
este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario