domingo, 18 de enero de 2026

¿Tu gato sufre en Navidad? Lo que el ruido, el caos y nuestras prisas le hacen en silencio



Diciembre siempre ha sido un mes raro para mí. Por un lado, está todo eso que nos enseñaron desde pequeños: luces, comida en exceso, música alta, abrazos, risas, fuegos artificiales, la idea de “familia”. Pero por otro, con los años, uno empieza a notar lo que no se ve en los comerciales: el cansancio, la ansiedad, las ausencias… y también el silencio incómodo de quienes no pueden decir lo que sienten. Ahí es donde, curiosamente, aparecen los gatos.

Tengo gatos desde que tengo memoria. En mi casa nunca fueron “mascotas” en el sentido clásico, sino presencias. Seres que estaban ahí, observando todo con una calma que a veces desarma. Y cada Navidad, mientras la casa se llenaba de ruido, yo veía cómo ellos cambiaban: se escondían más, se sobresaltaban con facilidad, comían menos o simplemente se iban a un rincón desde donde podían ver todo… sin participar. Durante mucho tiempo pensé que era normal, que “los gatos son así”. Hoy sé que no es tan simple.

Existe una idea muy instalada de que los gatos son independientes, que no sienten el entorno como nosotros, que mientras tengan comida y un lugar para dormir, todo está bien. Pero la realidad —y la ciencia del comportamiento animal lo confirma— es que los gatos son extremadamente sensibles a los cambios. Cambios de rutina, de olores, de sonidos, de energía. Y diciembre es, probablemente, el mes más caótico del año para ellos.

Navidad no es solo luces y villancicos. Es pirotecnia, visitas inesperadas, muebles movidos, música más fuerte de lo habitual, horarios alterados, estrés humano flotando en el ambiente. Y los gatos, que viven profundamente conectados al presente y al territorio, perciben todo eso de forma intensa. No lo entienden como “celebración”; lo sienten como invasión.

Algo que me marcó mucho fue leer, hace un tiempo, un artículo que explicaba cómo el estrés en gatos no siempre se manifiesta de forma evidente. No es que lloren o “se quejen” como un perro. El estrés felino es silencioso. Se manifiesta en conductas sutiles: esconderse más de lo normal, lamerse en exceso, perder el apetito, volverse más irritables o, al contrario, más apáticos. Incluso puede desencadenar problemas físicos como cistitis idiopática, vómitos o infecciones recurrentes. El cuerpo habla cuando la emoción no puede salir.

Y aquí viene una reflexión que va más allá de los gatos. ¿Cuántas veces nosotros mismos atravesamos diciembre así? Sonriendo por fuera, sobreviviendo por dentro. Adaptándonos al ruido aunque nos desborde. Los gatos, sin quererlo, nos ponen un espejo.

Proteger a un gato en Navidad no es “consentirlo de más”. Es respetar su naturaleza. Algo tan simple como mantener una rutina estable puede marcar la diferencia. Alimentarlos a la misma hora, no forzarlos a socializar, permitirles tener un espacio tranquilo donde nadie los moleste. Un refugio. Una habitación, una caja, un lugar alto desde donde puedan observar sin sentirse amenazados.

También está el tema del sonido. La pirotecnia sigue siendo uno de los mayores enemigos del bienestar animal. Aunque algunos lugares han avanzado en regulaciones, todavía es una realidad dura. Cerrar ventanas, poner música suave para amortiguar los ruidos externos, usar feromonas sintéticas recomendadas por veterinarios… todo suma. No elimina el problema, pero lo hace más llevadero.

Algo que aprendí con el tiempo es que los gatos no necesitan que los “entretengamos” en Navidad. No quieren gorros, ni fotos forzadas, ni brazos insistentes. Quieren respeto. Quieren que leamos su lenguaje corporal, que entendamos cuando dicen “no” sin palabras. Y eso, honestamente, es una lección brutal para cualquier relación humana.

En uno de los textos que leí en el blog Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com/), se hablaba de cómo el amor verdadero no invade, no impone, no exige presencia constante. Acompaña. Cuida en silencio. Creo que eso aplica perfectamente aquí. Amar a un gato es saber cuándo estar… y cuándo hacerse a un lado.

También hay un componente ético que no podemos ignorar. En TODO EN UNO.NET (https://todoenunonet.blogspot.com/) se ha hablado varias veces de responsabilidad, de cómo nuestras decisiones impactan a otros, incluso cuando no lo notamos. Celebrar sin conciencia también es una forma de violencia pasiva. No solo hacia los animales, sino hacia nosotros mismos.

Recuerdo una Navidad en particular. Yo tenía unos 15 años. Estaban todos en la casa, la música alta, risas, brindis. Mi gato estaba escondido debajo de una cama. Me acosté en el piso, sin tocarlo, solo ahí. Después de un rato, salió y se quedó a mi lado. No necesitaba que hiciera nada más. Solo presencia. Desde entonces entendí que acompañar no siempre es intervenir.

Hoy, con 21 años, miro estas fechas con otros ojos. No desde el rechazo, sino desde la conciencia. Navidad puede ser un momento bonito, sí, pero no a costa del bienestar de quienes dependen de nosotros. Y los gatos dependen totalmente de que entendamos su mundo, no de que los obliguemos a entrar en el nuestro.

En Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com/) leí una vez una frase que se me quedó grabada: “La espiritualidad se mide en los pequeños actos cotidianos, no en los grandes discursos”. Proteger a un gato del estrés navideño es un acto profundamente espiritual, aunque no se le llame así. Es elegir la compasión cuando nadie está mirando.

Si tienes un gato en casa, obsérvalo estos días. No desde la culpa, sino desde la empatía. Pregúntate qué necesita, no qué esperas tú de él. Ajusta tu celebración si es necesario. Baja el volumen. Defiende su espacio. Educa a las visitas. Di “no” cuando alguien quiera forzarlo a interactuar. Eso también es amor.

Y si no tienes gato, pero tienes sensibilidad, tal vez este texto no va solo de gatos. Tal vez va de todas esas presencias silenciosas que sufren cuando el mundo se acelera demasiado. Tal vez va de aprender a celebrar sin atropellar.

Porque al final, cuidar a un gato en Navidad es una forma muy honesta de preguntarnos qué tipo de humanidad estamos construyendo.

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✒️ Juan Manuel Moreno Ocampo
“A veces no hay que entender la vida… solo vivirla con más verdad.”

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