Hay noticias que uno lee y siente que son más grandes de lo que parecen… pero al mismo tiempo más frágiles de lo que deberían ser.
Hace unos días volví a encontrarme con una de esas.
Decía algo así como que al Centro de Museos de la Universidad de Caldas le habían entregado una colección de insectos. Que eso abría puertas. Que eso era ciencia. Que eso era conocimiento. Que eso era futuro.
Y uno lo lee… y suena bonito.
Suena como esas cosas que uno quiere que pasen en este país.
Suena a esperanza.
Pero luego pasa algo que a mí me pasa cada vez más seguido…
Me quedo en silencio.
Y me hago una pregunta que no es cómoda:
¿Y qué pasó después?
No lo digo con rabia. No lo digo con cinismo. Lo digo con esa mezcla rara entre curiosidad y realidad que uno va construyendo con los años, con lo que ve, con lo que vive, con lo que entiende cuando deja de quedarse solo con el titular.
Porque Colombia está llena de momentos así.
Momentos donde algo empieza bien.
Pero luego… el tiempo pasa.
Y el silencio empieza a crecer.
Y ahí es donde a mí me cuesta quedarme tranquilo.
Porque no es solo sobre insectos.
Es sobre lo que hacemos con lo que llega a nuestras manos.
Es sobre lo que somos capaces de sostener.
Es sobre si de verdad sabemos cuidar lo que vale.
Me puse a pensar en eso caminando, como lo hago cuando algo me da vueltas en la cabeza.
Pensaba en ese momento del 2021.
Alguien recibiendo cajas con muestras, especies, años de trabajo condensados en pequeños cuerpos que cuentan historias gigantes.
Pensaba en los investigadores emocionados.
En los estudiantes.
En las posibilidades.
Y luego… inevitablemente…
Pensé en el 2026.
Hoy.
Aquí.
Y la pregunta sigue ahí, sin una respuesta clara, sin un titular nuevo que la cierre:
¿Dónde está hoy esa colección?
¿Sigue viva?
¿Está siendo usada?
¿Inspiró a alguien?
¿Se convirtió en conocimiento real o se quedó archivada en una vitrina silenciosa?
Y lo más importante…
¿A alguien le importa?
A veces siento que vivimos en una cultura donde lo importante es que algo pase… pero no que continúe.
Nos emociona el inicio, pero no nos responsabilizamos del proceso.
Celebramos la entrega, pero no acompañamos el desarrollo.
Y eso no solo pasa en la ciencia.
Me recuerda mucho a algo que leí hace tiempo en uno de los blogs que siempre reviso, en el ecosistema de conocimiento que gira alrededor de lo que muchos construyen desde la experiencia real. En uno de esos textos de Organización Empresarial TodoEnUno.NET hablaban, sin decirlo de forma directa, de algo que se me quedó grabado: el problema no es empezar, el problema es sostener con criterio.
(https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/)
Y creo que eso aplica perfectamente aquí.
Porque una colección científica no es solo un conjunto de objetos.
Es una responsabilidad.
Es un compromiso con el conocimiento.
Es una promesa hacia el futuro.
Pero las promesas, si no se cuidan, se vuelven recuerdos.
Y los recuerdos, si no se revisan, se vuelven olvido.
Y el olvido… ese sí es peligroso.
Porque cuando olvidamos, repetimos.
Y cuando repetimos, nos quedamos atrapados en ciclos que parecen avances, pero en realidad son pausas disfrazadas.
Me genera algo muy particular pensar en los insectos.
Seres pequeños, casi invisibles para muchos.
Pero fundamentales.
Silenciosos.
Persistentes.
Organizados.
Ellos sí entienden algo que a nosotros se nos olvida constantemente:
Que la vida no se trata de momentos, sino de continuidad.
Que no basta con empezar.
Que hay que sostener.
Que hay que adaptarse.
Que hay que trabajar incluso cuando nadie está mirando.
Y ahí es donde siento que hay una lección profunda que va más allá de un museo o una universidad.
Es una lección para nosotros.
Para mí.
Para ti.
Porque, siendo honesto…
¿Cuántas cosas en nuestra vida hemos recibido… y no hemos sabido cuidar?
¿Cuántas oportunidades llegaron… y se quedaron en intención?
¿Cuántos proyectos empezamos con emoción… y abandonamos cuando se volvió difícil?
¿Cuántas veces fuimos ese “inicio prometedor”… que nunca llegó a convertirse en historia real?
No lo digo para señalar.
Lo digo porque yo también he estado ahí.
Porque también me he emocionado con ideas que no sostuve.
Porque también he celebrado inicios que no supe continuar.
Porque también he sido parte de ese patrón.
Pero algo cambia cuando uno empieza a darse cuenta.
Cuando uno deja de romantizar el inicio… y empieza a valorar el proceso.
Cuando uno entiende que lo verdaderamente valioso no es lo que llega… sino lo que se construye con lo que llega.
Y ahí es donde esta historia, o más bien esta pregunta sin respuesta, se vuelve importante.
Porque no necesitamos saber exactamente qué pasó con esa colección para entender lo que representa.
Representa una oportunidad.
Representa un punto de partida.
Representa una responsabilidad compartida.
Y también representa una realidad incómoda:
Que muchas veces estamos más enfocados en recibir… que en sostener.
Y eso se conecta con algo que también he leído en otros espacios, incluso en textos más personales como los de Bienvenido a mi blog, donde se habla de la vida no desde la teoría, sino desde la experiencia vivida, desde la observación constante de cómo el ser humano se construye y se pierde en sus propios procesos.
(https://juliocmd.blogspot.com/)
Y es que al final…
No se trata solo de ciencia.
No se trata solo de educación.
No se trata solo de instituciones.
Se trata de conciencia.
De esa capacidad de preguntarnos:
¿Qué estoy haciendo con lo que tengo?
¿Estoy construyendo… o solo acumulando?
¿Estoy aportando… o solo observando?
¿Estoy sosteniendo… o dejando que el tiempo haga lo suyo?
Porque el tiempo siempre hace lo suyo.
La diferencia es si nosotros también lo hacemos.
Me gustaría que esta historia tuviera un cierre claro.
Decirte que la colección hoy es un referente nacional.
Que ha generado investigaciones increíbles.
Que inspiró a una generación de científicos.
Que cambió algo.
O incluso decir lo contrario, con certeza.
Pero no.
No lo sé.
Y tal vez eso es lo más honesto que puedo darte.
Una pregunta abierta.
Una inquietud que no se resuelve con una búsqueda rápida.
Una sensación que no se cierra con un dato.
Y quizás eso está bien.
Porque hay preguntas que no están hechas para ser respondidas…
Sino para despertarnos.
Para incomodarnos.
Para hacernos mirar más allá del titular.
Para obligarnos a pensar en lo que estamos haciendo, aquí y ahora, con lo que tenemos en nuestras manos.
Tal vez la colección sigue ahí.
Tal vez alguien la está usando.
Tal vez está generando impacto.
O tal vez está esperando.
Esperando a que alguien la mire con intención.
Esperando a que alguien la convierta en algo más.
Esperando a que alguien entienda que recibir algo… es apenas el comienzo.
Y que lo verdaderamente importante… empieza después.
Agendamiento: Whatsapp +57 310 450 7737
Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo
Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo
Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros
grupos
Grupo de WhatsApp: Unete a nuestro
Grupo
Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal
Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo
👉 “¿Quieres más tips como
este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.




