Hay cosas en la vida que uno no entiende a la primera. A veces ni a la segunda. Cosas que parecen imposibles hasta que alguien te muestra que no lo son. Y no porque haya hecho magia, sino porque entendió algo que los demás pasaron por alto.
Hace poco me encontré con una historia que, aunque parece sacada de un cuento antiguo, es completamente real: en Francia existe una roca de 137 toneladas que puede moverse con la mano. No con una grúa. No con maquinaria pesada. Con la mano. Una piedra gigantesca, ancestral, que ha estado ahí durante siglos y que, aun así, responde al impulso de cualquier persona que se acerque con curiosidad y empuje en el punto correcto.
La llaman la piedra temblorosa.
Cuando leí sobre ella por primera vez, mi reacción fue la misma que la de muchos: incredulidad. Mi mente, entrenada por años para desconfiar de lo extraordinario, buscó la trampa. Pensé que habría un mecanismo oculto, un truco turístico, algo que explicara lo que, a simple vista, no tiene explicación. Pero no. La explicación es más sencilla y, al mismo tiempo, más profunda: equilibrio, punto de apoyo y persistencia.
La roca no se mueve porque sea liviana. Se mueve porque está colocada de tal manera que su centro de gravedad permite que una fuerza mínima, aplicada correctamente, genere movimiento. No cualquiera lo logra al primer intento. Hay personas que empujan con fuerza y no pasa nada. Otras, con menos ímpetu pero más atención, logran que la piedra oscile suavemente.
Y ahí fue donde dejé de leer como curioso y empecé a pensar como ser humano.
Porque esa piedra somos nosotros.
O mejor dicho, esa piedra es todo aquello que creemos inamovible en nuestra vida.
Desde que tengo memoria, he escuchado frases como “eso no se puede”, “así ha sido siempre”, “mejor no intente”, “no es el momento”, “usted está muy joven para entender eso”. Y sin embargo, a mis 21 años, he aprendido que muchas de esas frases no describen la realidad, sino el miedo de quien las pronuncia.
He crecido rodeado de conversaciones profundas, de silencios que enseñan más que los discursos, de lecturas que no siempre buscan respuestas, sino mejores preguntas. En Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com/) he leído reflexiones que no intentan convencer, sino despertar. En Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com/) he encontrado palabras que llegan despacio, pero se quedan. Y en Amigo de. Ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com/) he entendido que la espiritualidad no es huir del mundo, sino aprender a habitarlo con más conciencia.
Por eso esta piedra no me parece solo una curiosidad geológica. Me parece una metáfora urgente para nuestra generación.
Vivimos en un mundo que se siente pesado. Económicamente, emocionalmente, socialmente. Nos dicen que todo es difícil, que el sistema está roto, que no hay oportunidades, que el futuro es incierto. Y sí, hay verdad en eso. Negarlo sería ingenuo. Pero también es cierto que muchas veces estamos empujando desde el lugar equivocado.
Creemos que todo se cambia a la fuerza. Que hay que gritar más duro, trabajar hasta el agotamiento, sacrificarlo todo para que algo se mueva. Y cuando no pasa nada, nos frustramos, nos culpamos o nos rendimos.
La piedra temblorosa no responde a la violencia. Responde a la precisión.
Eso me hizo pensar en cuántas veces he querido cambiar cosas en mí mismo empujando desde la rabia, desde la autoexigencia extrema, desde la comparación constante. Queriendo mover mi vida como quien empuja una pared. Y claro, no se mueve. No porque sea imposible, sino porque no estoy tocando el punto correcto.
A veces el punto correcto no es hacer más, sino hacer distinto.
Esto también lo veo en los proyectos, en las ideas, en los sueños que escucho a mi alrededor. Personas llenas de talento que se desgastan luchando contra estructuras que no entienden. Emprendedores que creen que el problema es la falta de dinero, cuando en realidad es la falta de enfoque. Estudiantes que creen que no sirven, cuando simplemente nadie les enseñó dónde apoyar su esfuerzo.
En Organización Empresarial TodoEnUno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/) he leído sobre algo que me parece clave: pensar antes de actuar, entender el sistema antes de intentar cambiarlo. No todo se trata de velocidad. A veces se trata de dirección.
La piedra temblorosa no se mueve rápido. Se mueve apenas. Pero ese pequeño movimiento es suficiente para demostrar que lo imposible era solo una percepción.
Y eso conecta con algo que siento profundamente: nuestra generación no necesita más promesas vacías ni discursos motivacionales prefabricados. Necesitamos criterio, conciencia y espacios donde pensar no sea visto como debilidad.
También pienso en la tecnología. En cómo nos prometieron que nos haría la vida más fácil, más libre, más conectada. Y aunque ha traído avances increíbles, también nos ha llenado de ruido. Información sin contexto. Opiniones sin reflexión. Reacciones sin pausa.
Mover la piedra hoy requiere más que fuerza digital. Requiere presencia.
Saber cuándo apagar la pantalla. Cuándo escuchar. Cuándo callar. Cuándo empujar y cuándo observar. En TODO EN UNO.NET (https://todoenunonet.blogspot.com/) he visto reflexiones sobre tecnología con algo que valoro mucho: humanidad. No se trata de usar herramientas por usarlas, sino de entender para qué y desde dónde las usamos.
La piedra también me habló de paciencia. No se mueve de inmediato. Oscila. Vuelve. Tiembla. Como nosotros cuando estamos cambiando. No es un proceso lineal. Hay avances y retrocesos. Días en los que parece que todo vuelve a su lugar original. Pero si uno se queda, si no se va apenas las cosas no salen como esperaba, algo empieza a transformarse.
Eso lo he aprendido no solo leyendo, sino viviendo. En conversaciones familiares que incomodan pero sanan. En silencios compartidos. En errores que duelen más cuando uno es joven porque siente que “no debería fallar tan pronto”. Y sin embargo, fallar temprano también es una forma de aprender dónde empujar mejor.
La piedra no juzga. No le importa quién seas, de dónde vengas, cuántos títulos tengas. Responde igual a cualquiera que se acerque con atención. Eso me parece profundamente espiritual.
Porque la vida tampoco discrimina en sus enseñanzas. Nos habla todo el tiempo. A través de personas, de situaciones, de símbolos. El problema no es que no haya señales. Es que muchas veces estamos demasiado ocupados empujando fuerte como para escucharlas.
Hoy siento que mi generación tiene una oportunidad enorme. No porque seamos mejores, sino porque estamos en un punto de quiebre. Podemos repetir los mismos modelos agotados o atrevernos a buscar nuevos puntos de equilibrio. Podemos heredar el peso sin cuestionarlo o aprender a moverlo con conciencia.
La piedra temblorosa sigue ahí, recordándonos que no todo lo grande es rígido, que no todo lo antiguo es inmóvil, y que a veces basta una persona, en el lugar correcto, haciendo la pregunta correcta, para que algo empiece a cambiar.
Tal vez la verdadera pregunta no es si podemos mover la piedra.
Tal vez la pregunta es: ¿desde dónde estamos empujando nuestra vida?
¿Sentiste que esto te habló directo al corazón?
Escríbeme, cuéntame tu historia o compártelo con quien sabes que lo necesita.
Agendamiento: Whatsapp +57 310 450
7737
Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo
Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo
Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros
grupos
Grupo de WhatsApp: Unete a nuestro
Grupo
Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal
Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo
👉 “¿Quieres más tips como
este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.
— Juan Manuel Moreno Ocampo
A veces no hay que entender la vida… solo vivirla con más verdad.





