lunes, 11 de junio de 2018

La realidad virtual y la aumentada ya hacen parte de las aulas académicas en el país

Estas dos herramientas que parecían inimaginables ya son una realidad. Se han instalado en los espacios educativos y hacen posible experiencias desde ver la Vía Láctea en 3D hasta poder examinar un cadáver humano. Así se dictan estas clases llenas de tecnología. 

 
Los avances tecnológicos del siglo XXI han transformado los espacios educativos, cambiando las formas de aprender. La realidad virtual y la aumentada hacen posible que experiencias cada vez más vívidas fortalezcan procesos de aprendizaje.

Imagine que con un simple gesto pudiera oscurecer un salón de clase y que en segundos se llenara de estrellas y planetas con un mapa 3D de la Vía Láctea. Imagine transportarse a la Era Mesozoica para poder ver dinosaurios en su ambiente natural, o estudiar mandarín hablando en el mismo salón con estudiantes que aprenden español en China. Aunque estos escenarios parezcan ejercicios de la imaginación o escenas de películas de ciencia ficción, hoy son una herramienta más en las aulas. 

La realidad aumentada y la virtual, además de fascinar a los estudiantes con escenarios que parecen fuera de este mundo –lo cual, por supuesto, es una motivación extra para estudiar–, hacen posible la implementación de estrategias educativas antes inimaginables o en extremo costosas. Como bien lo reconoce Matthew Purcell, director de Innovación Digital del Canberra School, primer colegio en integrar hologramas interactivos dentro del aula de clase, “muchos conceptos pueden estar escritos extremadamente bien, pero hay otros que simplemente no pueden ponerse en palabras y necesitan ser visualizados. Esta tecnología puede profundizar verdaderamente el aprendizaje de los estudiantes”.


Un viaje al pasado 

Si hace unos años los hologramas de Star Wars parecían un sueño remoto, exclusivo de la ciencia ficción, ahora hacen parte del proyecto educativo del Museo Arqueológico de los Pueblos Karib, Mapuka, de la Universidad del Norte. Por medio del uso de HoloLens, el espacio del museo ha mutado para albergar más de una dimensión, uniendo el pasado con el presente. 

Lo revolucionario de esta tecnología es que, contrario a lo que sucedía con los desarrollos de realidad virtual anteriores, el computador que produce los hologramas es el primero de este tipo que no necesita cables y, por tanto, se mueve libremente con el usuario. Lo que es más sorprendente es que, contrario a las gafas de realidad virtual desarrolladas hasta ahora, este equipo inserta imágenes 3D en el “mundo real”, haciendo que la experiencia del usuario siga anclada en el entorno. Como si esto fuera poco, permite que varias personas interactúen con el mismo holograma al tiempo, lo cual favorece el trabajo en equipo y la comunicación.

Así, en medio de las salas que guardan artefactos prehispánicos de más de 7000 años de antigüedad, las gafas de realidad aumentada HoloLens reconstruyen telares indígenas. “Queremos hacer que el usuario tenga su propia experiencia y que no necesite de otra persona, sino que pueda vivir el museo a su manera”, dijo Jeffrey Saavedra, estudiante creador del diseño de los hologramas, en la inauguración del programa a finales de 2016. Sus palabras esclarecen una de las mayores ventajas del uso de estas tecnologías: la posibilidad de que el aprendiz siga su propio camino y explore los conceptos e ideas a su ritmo. 

Según Pedro Wightman, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas de la universidad, desde su implementación el trabajo conjunto de los departamentos de Ingeniería de Sistemas y Diseño ha representado un significativo paso en la apertura de diálogos entre diferentes disciplinas.

Dentro del cuerpo humano

Desde que en Egipto se practicaban los rituales de momificación, los cadáveres han sido una de las pocas maneras de adentrarse en el diseño del cuerpo humano y, hasta el día de hoy los aspirantes a médicos en todo el país los han usado para aprender. Sin embargo, la obtención de estos cuerpos –incluso desde el Renacimiento– ha estado rodeada de misticismo y su consecución no siempre es tan fácil. 

Si bien los cadáveres ofrecen a los estudiantes de medicina una perspectiva necesaria sobre el cuerpo, ya no son la única manera de estudiarlo. Al entrar al laboratorio de anatomía de las sedes de la Universidad Cooperativa los estudiantes encuentran una camilla aparentemente vacía. Basta con encender la pantalla para que la imagen 3D de un cadáver con proporciones reales se proyecte sobre ella.

Para desarrollar Anatomage, la primera mesa de disección virtual, el equipo que está detrás de esta tecnología tomó miles de fotografías a cientos de cadáveres reales. Con estas imágenes se reconstruyeron virtualmente los modelos 3D de los cuerpos originales, convirtiéndolos en una copia fiel a la realidad. Así, el estudiante puede escoger el cuerpo que quiere observar y la forma de hacerlo. La mesa, además, permite hacer cortes de todo tipo, mostrando perspectivas que de otra manera serían extremadamente difíciles de observar.

Para Sakti Srivastava, jefe de la División de Anatomía Clínica de la Universidad de Stanford, uno de los primeros lugares donde se probó Anatomage, esta mesa de disección es verdaderamente útil para entender las relaciones entre los diferentes sistemas del cuerpo.

Según Alfonso Suárez, coordinador de Morfofisiología de la Universidad Cooperativa en Villavicencio, “Anatomage ha sido especialmente útil en la enseñanza, ya que cada vez hay más restricciones legales sobre la disposición de cadáveres en el país”. Christian Andrés Pelayo, estudiante de Medicina, asegura que el uso de esta herramienta ha hecho las clases más interactivas: “Me motiva a estudiar anatomía porque puedo ver tangible aquello que leo en los libros”. 

Sin duda, los desarrollos tecnológicos y la inserción de nuevas realidades dentro del aula de clase han diversificado las maneras de relacionarse con el mundo: una oportunidad para anclar procesos de aprendizaje a partir de experiencias fascinantes que redefinen los límites de lo real.

Este artículo hace parte de la edición 33 de la revista Semana Educación. Si quiere informarse sobre lo que pasa en educación en el país y en el exterior, suscríbase ya llamando a los teléfonos (1) 607 3010 en Bogotá o en la línea gratuita 01 8000 51 41 41.