martes, 21 de junio de 2016

No soy solamente un caldo de hormonas

En entrevista, la adolescencia habla de sus problemas para conectar con el mundo adulto.

En la adolescencia se consolidan los procesos de identidad de cada persona.

En la adolescencia se consolidan los procesos de identidad de cada persona.
“Sé que cuando hablan de mí los adultos se ponen trágicos, voltean lo ojos y usan siempre las mismas palabras: inmadurez y crisis. Y dicen que por eso es tan difícil que me ‘integre socialmente’. Como si eso fuera lo ‘máximo’”, dice la adolescencia, poniendo en al aire las comillas sobre la última palabra, y antes de volver a concentrarse en los cordones de los tenis.
Es difícil conectar con esta adolescencia a la que a duras penas convenzo de que se saque los audífonos de las orejas, para que pueda oírme. Acepta, pero con las manos en los bolsillos, un mechón de pelo sobre los ojos y una actitud desafiante, me lanza miradas de total desinterés.

“Los adultos no saben nada... El mundo está lleno de problemas, de enfermedades, de sida, de gente que se droga y que roba y mata, ¿y entonces es culpa mía?”.

Sin tomar aire si quiera, sigue con la perorata: “Soy una etapa normal de la vida de todo el mundo; usted, por ejemplo, quien lo ve tan trajeado y tan serio, también fue como yo. Así que por qué nos tratan a los adolescentes de inadaptados... Ya que me dio la oportunidad de hablar, pregunte, man”, dice...
¿Quién es usted?
Pues nada... soy un fenómeno biológico. Pero también soy un fenómeno cultural y un fenómeno social. Pero ustedes se la pasan pensando que soy un caldo de hormonas por culpa del cual todo el tiempo estoy sufriendo cambios físicos y emocionales.
Cierto, pero la adolescencia es complicadita...
Es que no nos la ponen fácil. Mire, en la adolescencia se consolidan los procesos de identidad de cada persona, y eso, entienda, es el nivel más elevado del pensamiento humano.
También me encargo de reafirmar la abstracción, las capacidades de adaptación y de defensa, y para eso me dan poco tiempo.
¿Y por eso las pataletas?
¿Cuales pataletas? Párela, ¿si? No es fácil darse uno cuenta de que ya no se es niño, y que por eso pierde uno muchos beneficios, pero que tampoco se es grande para hacer otras actividades. Somos un intermedio con pocas oportunidades. Súmele que tengo un cuerpo que cambia todos lo días, y que me hace sentirme torpe y feo a veces; hasta la cama me queda pequeña, pero la moda es para grandes. Por eso siento a veces que todo mundo me mira, lo que me aburre a ratos. Complicado...
A los adolescentes como que les choca todo...
¡Y dele! Lo que pasa es que a estas edades empieza uno a experimentar emociones nuevas y a darse cuenta de cosas que antes no importaban: por ejemplo, la situación económica de la familia, los problemas sociales y las responsabilidades que me achacan, y todo eso me atropella. También tengo miedos que a la gente como usted le parecen pendejadas, por eso me callo y me aíslo. Nadie me entiende...
El asunto es de incomprensión...
O de desinterés. Vea: también tengo nuevas sensaciones en el cuerpo y siento gusto por la gente y quiero gustar; me dan ganas de coquetear, de salir, de mostrarme, de conocer y siento cosas que me hacen pensar que estoy enamorado, y suspiro y me aburro y sueño y me alegro, pero ¿sabe qué? Muchas veces todo eso, que para mí es importante y a lo que quiero dedicarle tiempo, para ustedes y para los papás es pendejada. Cómo va a estar uno feliz, si justo cuando quiere uno salir con los amigos la mamá lo corta a uno con este súper plan: “Báñese, que nos vamos para donde las tías”. A veeer... Claro, como además soy muy sensible siento que el mundo se me revuelve, que todo me lo imponen y ahí uno quiere que la mamá, con todo y las tías, desaparezca.
¿Cuál es su conflicto con la autoridad?
Evitemos las generalizaciones. Hay tantas adolescencias como adolescentes y tantos estilos de autoridad como adultos que la ejercen. Pero le puedo decir que en esta etapa abundan los conflictos, y uno de ellos es con la autoridad. Despojamos a los papás del idealismo con el que los cubrimos de niños y empezamos a cuestionarlos, nos fijamos en otros referentes y generamos nuevos vínculos, con todos, que van desde el amor, hasta el rechazo; estos extremos son necesarios para mí, porque a partir de eso edifico mi propia identidad, no que quedo con la que quieren darme los mayores.
Por qué hay tantas inquietudes con ustedes y la sexualidad...
Para nosotros el sexo adquiere gran importancia, porque todas esas sensaciones de las que le hablé tratan de abrirse campo como sea; eso no quiere decir que a toda hora queramos estar en la cama. Frente a eso tenemos nuestras normas y valores, que no son de otro mundo, son nuestros, pero a ustedes los escandaliza.
Pero ustedes no se fijan mucho en los riesgos...
Si los adultos fueran menos mojigatos y cantaletudos, y desde chiquitos nos ayudaran a relacionarnos naturalmente con una sexualidad pegada a los sentimientos, a la autoestima, a los valores, a la toma acertada de decisiones, a nuestra forma de relacionarnos con otras personas, probablemente no incurriríamos en riesgos innecesarios.
¿Es cierto que les cuesta medir el peligro en situaciones riesgosas?
Esta es una etapa de exploración, de encontrar nuevas experiencias. Los adolescentes no nos creemos los X Men, pero algo en nuestro interior nos dice, naturalmente, que ninguna situación extrema nos queda grande, y nos lanzamos. Así lo lee nuestro cerebro a esta edad... Ustedes deberían dejar el drama y ser menos catastrofistas. Nada sacan con considerarnos un peligro.
¿En qué quedamos?
En que nos den un espacio, en que entiendan que no hay adolescencia sino adolescentes, y en que recuerden cómo fueron ustedes en la misma etapa. Así entenderán por qué nos molesta tanto que nos traten como un “mientras tanto” entre la niñez y la adultez...
Jóvenes, una población no priorizada
La situación de los jóvenes es preocupante no solo en Colombia sino en el mundo. Un estudio publicado en la última edición de ‘The Lancet’ demostró que tres de cada diez niños, adolescentes y jóvenes en el mundo, entre los 10 y los 24 años, viven en países en los cuales problemas de salud prevenibles, como el VIH sida, el embarazo precoz, el sexo inseguro, la depresión, las lesiones y la violencia amenazan su vida, su salud y su bienestar.
En Colombia la violencia fue la causa número uno de muerte en el 2013, entre los 10 y 24 años; también, la primera de pérdida de años de vida saludable, muerte prematura y discapacidad.

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