Hay ideas que no llegan de golpe. No entran como una revelación clara, sino como una incomodidad que se repite. Una sensación rara que aparece cuando miras a tu alrededor y te das cuenta de que el mundo va demasiado rápido para que alguien pretenda hacerlo todo solo. A mí me pasó así. No leyendo un libro técnico ni en una conferencia elegante, sino viendo conversaciones rotas, proyectos que no avanzaban y personas brillantes agotadas por intentar cargar con todo.
Durante mucho tiempo crecí con la idea —muy latina, muy heredada— de que “si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo”. Y ojo, esa frase tiene su mérito. Nos ha enseñado responsabilidad, disciplina y carácter. Pero también nos ha sembrado una trampa silenciosa: creer que pedir ayuda, compartir ideas o abrir procesos es una señal de debilidad. Con los años he ido entendiendo que esa creencia ya no encaja con el mundo que estamos viviendo.
Hoy hablamos de innovación abierta como si fuera una moda empresarial, un concepto bonito para presentaciones. Pero para mí, y lo digo desde lo vivido, la innovación abierta es más una postura frente a la vida que una metodología. Es aceptar que no lo sabes todo, que otros ven lo que tú no ves, y que el futuro no se construye desde el ego sino desde la conexión.
Vivimos en una época extraña. Estamos hiperconectados, pero profundamente solos. Tenemos acceso a más información que cualquier generación anterior, pero cada vez cuesta más convertir esa información en sabiduría real. Ahí es donde la innovación abierta deja de ser un término académico y se vuelve urgente. Porque no se trata solo de empresas compartiendo ideas, sino de personas aprendiendo a escucharse de nuevo.
Cuando leo sobre estos temas y los bajo a tierra, inevitablemente recuerdo muchas conversaciones familiares, aprendizajes heredados y textos que me han acompañado desde siempre. En Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com) hay reflexiones que giran alrededor de esta misma idea: nadie se forma solo, nadie crece aislado, nadie se salva sin el otro. Y eso, aunque suene espiritual o filosófico, hoy tiene un impacto directo en cómo trabajamos, cómo emprendemos y cómo convivimos.
La innovación abierta nace, en teoría, como una respuesta a un límite muy claro: las organizaciones cerradas ya no podían innovar al ritmo que el mundo exigía. Pero si soy honesto, ese límite también lo vivimos las personas. Cuando intentamos resolver solos problemas que son colectivos, terminamos agotados, frustrados y, muchas veces, repitiendo errores. Abrirse no es perder control; es ganar perspectiva.
En el ecosistema empresarial que me rodea —y que he visto crecer desde distintos frentes— este principio se vuelve cada vez más evidente. En Organización Empresarial TodoEnUno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com) se habla constantemente de estructuras, procesos y estrategia, pero siempre con una idea transversal: las empresas del futuro no se diseñan desde una sola cabeza. Se construyen escuchando clientes, aliados, equipos y contextos. Lo mismo aplica para la vida personal, aunque no siempre queramos aceptarlo.
También he aprendido que abrir no es simplemente “contar todo” o “compartir por compartir”. Innovación abierta no es ingenuidad. Es criterio. Es saber qué compartir, con quién y para qué. En temas tan sensibles como la tecnología y los datos personales, por ejemplo, abrir sin conciencia puede ser peligroso. Por eso me parece clave conectar este discurso con algo que a veces se deja por fuera: la responsabilidad. En Cumplimiento Habeas Data – Datos Personales (https://todoenunonet-habeasdata.blogspot.com) se insiste mucho en que la confianza no se improvisa. Y la innovación abierta solo funciona cuando hay ética, respeto y reglas claras.
A nivel social, la innovación abierta también nos confronta. Nos obliga a dejar de pensar en “ellos” y “nosotros”. Nos invita a construir soluciones colectivas a problemas que ya no entienden de fronteras: salud mental, sostenibilidad, educación, tecnología, empleo. No es casualidad que muchos de los proyectos más transformadores de los últimos años hayan nacido de comunidades, no de genios aislados.
Desde mi propio camino, escribir en El blog Juan Manuel Moreno Ocampo (https://juanmamoreno03.blogspot.com) ha sido una forma de practicar esta apertura. Escribir es exponer pensamiento. Es permitir que otros lo lean, lo cuestionen, lo completen o incluso lo contradigan. Y aunque a veces incomoda, también libera. Porque te das cuenta de que no escribes para tener la razón, sino para generar conversación.
Hay algo profundamente humano en todo esto. La innovación abierta, en el fondo, nos devuelve a algo muy básico: la cooperación. Aceptar que somos interdependientes. Que necesitamos del otro no solo para producir más, sino para vivir mejor. Esa idea aparece una y otra vez en Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com), donde la espiritualidad se cruza con lo cotidiano y nos recuerda que el verdadero progreso no es solo tecnológico, sino humano.
Y hablando de espiritualidad, no puedo dejar por fuera esa dimensión. En Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com) se repite una verdad sencilla pero poderosa: confiar no es rendirse, es abrirse. Y creo que ahí está una de las claves más profundas de la innovación abierta. Confiar en que el otro no viene a quitarte, sino a sumar. Confiar en que compartir no te resta valor, sino que lo multiplica.
Hoy, cuando veo a mi generación —jóvenes llenos de talento, pero también de ansiedad— siento que este enfoque puede ser una salida. No para tener éxito rápido, sino para construir algo que tenga sentido. Innovar juntos, pensar juntos, fallar juntos, aprender juntos. Quizás no sea el camino más corto, pero sí uno mucho más honesto.
No sé si el futuro será mejor. Nadie lo sabe. Pero sí tengo claro algo: será colectivo o no será. Y mientras tanto, abrir espacios de diálogo, colaboración y conciencia es una forma de resistir a la fragmentación que nos rodea.
Tal vez no se trata de entenderlo todo. Tal vez se trata de animarnos a no caminar solos.
Agendamiento: Whatsapp +57 310 450
7737
Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo
Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo
Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros
grupos
Grupo de WhatsApp: Unete a nuestro
Grupo
Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal
Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo
👉 “¿Quieres más tips como
este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario