lunes, 9 de febrero de 2026

La Sergio: una universidad con mentalidad digital (vista desde adentro, con preguntas, contradicciones y esperanza)


Hoy este blog lo describe un amigo que esta en la Univeresidad sergio arboleda.

Y yo me he tomado el atrevimiento de escribirlo como si fuera yo. pero es un homenaje a dicha univeersidad. 

Hay lugares que no se sienten como edificios. Se sienten como procesos. Como preguntas abiertas. Como conversaciones que no terminan cuando sales del aula. Para mí, la Sergio ha sido eso: no solo una universidad, sino un espacio donde la idea de “lo digital” no se queda en pantallas, plataformas o discursos bonitos, sino que se cruza con la vida real, con lo que somos y con lo que estamos aprendiendo a ser.

Cuando escuché por primera vez que la Sergio se definía como una universidad con mentalidad digital, confieso que fui escéptico. Hoy en día todo es “digital”: las empresas, los bancos, las marcas personales, incluso las promesas. Pero con el tiempo entendí que aquí lo digital no se reduce a tecnología. Tiene más que ver con una forma de pensar. Con una disposición mental. Con entender que el mundo ya no funciona en líneas rectas, que el conocimiento no está encerrado en un salón y que aprender no es repetir, sino conectar.

Vengo de una generación que nació viendo cómo Internet pasaba de ser una novedad a convertirse en una extensión del cuerpo. Somos jóvenes que crecimos con Google, redes sociales, algoritmos, pero también con ansiedad, comparación constante y una sensación rara de ir muy rápido sin saber exactamente hacia dónde. Por eso, cuando una universidad habla de mentalidad digital, yo no lo leo solo como innovación académica, sino como una oportunidad —o un riesgo— de formar personas más conscientes o simplemente más productivas.

Lo que me llamó la atención de la propuesta de la Sergio, y que con el tiempo he ido confirmando, es que no se trata solo de enseñar herramientas. Se trata de enseñar criterio. Y eso, en este momento histórico, es casi un acto de resistencia.

Porque hoy cualquiera puede aprender a usar una plataforma, programar algo básico o crear contenido. Pero no cualquiera sabe preguntarse para qué lo hace, a quién afecta, qué deja por dentro y qué impacto tiene afuera. En ese punto, lo digital deja de ser técnico y se vuelve profundamente humano.

En más de una clase me he dado cuenta de que el verdadero aprendizaje no ocurre cuando el profesor habla, sino cuando alguien se atreve a cuestionar lo que parece obvio. Cuando una discusión se sale del PowerPoint y toca la vida. Cuando la tecnología no se presenta como salvación, sino como herramienta que amplifica lo que ya somos. Si hay vacío, amplifica el vacío. Si hay conciencia, amplifica la conciencia.

Eso me ha llevado a pensar mucho en cómo se conecta esta experiencia universitaria con lo que he leído y escrito en otros espacios. Por ejemplo, en Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com) he reflexionado varias veces sobre cómo el conocimiento sin sentido humano termina siendo ruido elegante. Y en Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com) he escrito sobre algo que parece lejano a la tecnología, pero que en realidad la atraviesa: la necesidad de silencio, de introspección y de propósito en medio de tanta información.

Una universidad con mentalidad digital, desde mi mirada, no puede formar solo profesionales competentes. Tiene que formar personas que sepan habitar la incertidumbre. Que entiendan que el cambio no es una amenaza, pero tampoco una excusa para dejar de pensar. Que sepan usar datos, pero también escuchar intuiciones. Que aprendan a trabajar en red sin perder identidad.

La Sergio, al menos en lo que yo he vivido, intenta caminar por esa línea compleja. No siempre es perfecto. A veces el sistema va más rápido que las personas. A veces la digitalización se siente más administrativa que pedagógica. A veces uno se pregunta si tanta plataforma realmente nos acerca o si, en algunos casos, nos distancia. Y creo que esas preguntas también hacen parte de una verdadera mentalidad digital: no idealizarla, sino revisarla constantemente.

Lo digital bien entendido no es eficiencia sin alma. Es adaptación consciente. Es entender que el conocimiento ya no se acumula como antes, sino que se construye en red, se contrasta, se actualiza y, sobre todo, se comparte. En ese sentido, la universidad deja de ser el centro del saber para convertirse en un nodo más dentro de un ecosistema mucho más amplio.

Ese ecosistema no termina en el campus. Se conecta con el mundo laboral, con la sociedad, con la ética, con la forma en que tomamos decisiones. Por eso me parece clave que estas conversaciones no se queden solo en lo académico. En espacios como Organización Empresarial TodoEnUno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com) se habla mucho de cómo las empresas del presente y del futuro necesitan personas que piensen de forma sistémica, no solo técnica. Y eso conecta directamente con lo que una universidad con mentalidad digital debería estar sembrando hoy.

También pienso en la responsabilidad que tenemos nosotros, los estudiantes. No podemos exigir una universidad innovadora si seguimos aprendiendo de forma pasiva. La mentalidad digital no se recibe: se practica. Se entrena cuando investigas más allá de lo que te piden, cuando conectas lo que ves en clase con lo que pasa en tu barrio, en tu familia, en tu país. Cuando entiendes que estudiar no es solo prepararte para un empleo, sino para una vida más consciente.

En El blog Juan Manuel Moreno Ocampo (https://juanmamoreno03.blogspot.com) he escrito varias veces sobre esta tensión entre lo que el sistema espera de nosotros y lo que nosotros sentimos que necesitamos para estar bien. La universidad, para mí, es uno de esos escenarios donde esa tensión se vuelve evidente. Una mentalidad digital sana no debería ignorarla, sino abrir espacios para hablarla.

Algo que valoro es cuando la tecnología se usa para incluir y no para excluir. Cuando se piensa en accesibilidad, en diversidad de ritmos, en distintas formas de aprender. Cuando lo digital no se convierte en una barrera silenciosa para quienes no tienen los mismos recursos, sino en un puente que reduce brechas. Ahí es donde la palabra “mentalidad” cobra sentido: no es el qué, sino el cómo y el para quién.

También he aprendido que lo digital no reemplaza lo humano. Lo potencia. Una videoclase puede ser eficiente, pero una conversación honesta puede ser transformadora. Una plataforma puede organizar contenidos, pero una pregunta bien hecha puede cambiar una vida. Si una universidad logra equilibrar eso, va por buen camino.

No sé exactamente cómo será el futuro laboral que nos espera. Nadie lo sabe. Lo que sí sé es que necesitaremos más criterio que títulos, más conciencia que certificados, más humanidad que automatización sin sentido. Y en ese escenario, formarse en un lugar que entiende lo digital como cultura y no solo como moda marca una diferencia real.

La Sergio, con sus aciertos y desafíos, se mueve en esa dirección. No como un destino terminado, sino como un proceso en construcción. Y tal vez eso es lo más honesto que puede hacer una institución hoy: aceptar que también está aprendiendo.

Yo, como joven, como estudiante y como ser humano en proceso, agradezco los espacios donde no solo me enseñan a hacer, sino a pensar y a sentir lo que hago. Porque al final, la verdadera transformación digital no ocurre en los sistemas, sino en las personas.

Y eso, al menos para mí, sigue siendo lo más importante.

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✒️ Juan Manuel Moreno Ocampo
A veces no hay que entender la vida… solo vivirla con más verdad.

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