martes, 24 de mayo de 2016

La seguridad digital comienza por casa y de la mano de los padres

Niños son menos propensos a ser víctimas de delitos si se supervisan actividades en línea.

Expertos recomiendan que los menores de edad no puedan utilizar dispositivos electrónicos en su habitación.
Expertos recomiendan que los menores de edad no puedan utilizar dispositivos electrónicos en su habitación.
Que levante la mano el padre (léase mamá o papá) que no haya acudido a la fórmula de prestarle el celular a su hijo –sobre todo a los más pequeños– en un momento de desesperación, cuando siente que ya no puede más y que necesita un minuto de tranquilidad. El consuelo es que no está solo en el mundo. Cada vez lo hacemos más. 
La mala noticia es que es usted, con esa actitud, está abriendo una puerta por la que se pueden colar todo tipo de peligros vía internet: desde pornografía infantil y ‘sexting’ (envío de imágenes de desnudos) hasta ‘grooming’ (cuando un adulto, desde un perfil falso, contacta menores de edad, se gana su confianza y acaba pidiendo fotos o favores sexuales). No está en juego solo la salud y el bienestar de los pequeños. A veces, también su vida.

Pero satanizar la web no es la solución. Si se usa bien, dicen los expertos, trae muchos beneficios. El gran problema es que los pequeños están asistiendo, muy solos, al encuentro con un mundo para el que no están preparados. Con un agravante: los padres, como explica Juan Camilo Díaz, magíster en Educación y Desarrollo Humano e investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, vienen de un universo “análogo, monocromático, monotemático y unidireccional”.

Los niños, en cambio, pertenecen a la Generación Z (los nacidos a partir del año 2000), o sea que son nativos digitales: nacen y se desarrollan en un ambiente totalmente “multitemático, multicromático y bidireccional”. Ya no son, dice Díaz, simples consumidores. Ahora son ‘prosumidores’, es decir, individuos que pueden producir y consumir contenido en cualquier plataforma, con la posibilidad de registrar, divulgar, comentar y compartir todo lo que piensan y todo lo que sienten. Algo que, a la postre, los hace frágiles. Vulnerables.
Saltan las alarmas
Si se tiene en cuenta que uno de cada dos usuarios de internet es un menor de 18 años, saltan las alarmas, pues las cifras solo invitan al desconcierto y la preocupación: la web teprotejo.org, de la organización Red PaPaz, ha documentado desde el 2012, solo en Colombia, 23.054 denuncias relacionadas con niños y delitos en la Red. El 56 por ciento son por pornografía infantil.
Pero la preocupación aumenta si se pone la lupa en los primeros dos meses de este año: el 81,8 por ciento de los 1.774 reportes conocidos hasta el 29 de febrero corresponde a pornografía infantil.
¿Cómo debe enfrentar una familia semejante flagelo? Los padres, dice Juan Camilo Díaz, juegan un papel fundamental en cómo afectará a sus hijos la imparable era tecnológica, un terreno salvaje, sin Dios ni ley, donde no existen normas de urbanidad ni mucho menos de ética. Y donde los pedófilos, conviene recordarlo, se mueven a sus anchas.
A estas alturas, muchos siguen creyendo que el peligro solo está en el bus, en el parque o en la esquina, y subestiman el hecho incontestable de que también puede haber riesgos significativos en la habitación de los niños o en la palma de sus manos. 

Cuanto más temprano se le da a un pequeño la llave para que se asome a la piscina digital, más son los riesgos. Según una regla no oficial del psiquiatra francés Serge Tisseron, conocida como 3-6-9-12, hasta los 3 años no debe haber acceso a la tecnología; antes de los 6, nada de videojuegos; antes de los 9, ningún contacto directo con internet (apenas lo que se necesite por orden académica). Y a partir de los 12, una entrada muy gradual, porque es cuando se empieza a formar el criterio. Nada que ver con la realidad. Un reciente estudio del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana concluyó que el promedio de edad de iniciación a las redes sociales y las nuevas tecnologías, al menos en Bogotá, es de tan solo 9 años.
La tecnología, recalcan los expertos, ha ido copando todos los espacios de la vida. Incluso, la conciencia de los padres. El consultor Andrés Rodríguez, creador de la plataforma Más Charlas y menos ‘Phubbing’ (menospreciar a quien nos acompaña por concentrarse en algún dispositivo electrónico), cuenta que varios padres le han confesado que sus hijos, a los 12 años, ya tienen cuentas en Facebook que ellos mismos les han abierto falsificando la edad (el requisito es tener al menos 13).
Es tal la ingenuidad frente a la ola tecnológica que muchas familias tampoco reparan en otro riesgo no menos grave: el que atañe a la huella o reputación digital. Papá y mamá exponen a los niños ante el público al otro lado de la pantalla. Incluso desde el vientre materno. Con la primera ecografía. El primer diente. El primer año. La primera fiesta. Asistimos, quizás, al nacimiento de una generación de seres humanos que tendrá su vida absolutamente documentada en la red.
Se trata de una realidad aparentemente inofensiva, pero que equivale a lanzar un bumerán: ¿quién garantiza que en unos años no habrá un compañero de clase, de la vida, que le haga cibermatoneo a su hijo por unas fotos en las que el muchacho sale disfrazado de Supermán? Cuando sean adultos, ¿se avergonzarán de esas imágenes? ¿Alguien les preguntó si querían que sus fotos estuvieran en las redes? ¿Sabe usted que expone a su hija a los pedófilos cuando cuelga una imagen de ella en biquini?

“Los papás tenemos una responsabilidad en el mundo real, pero también en el virtual. En este último campo, los niños sienten que se mueven como peces en el agua, pero no son conscientes del peligro al que están expuestos. No se trata de prohibir, se trata de educar en el entorno digital”, subraya Carolina Piñeros, directora de Red PaPaz.
La clave, dice Viviana Quintero, responsable de nuevas tecnologías de esa organización, es el acompañamiento (ver recuadro). “La invitación que hacemos es a estar ahí con sus hijos cuando navegan. Pero acompañarlos no es sentarse a mirar con ellos lo que están viendo en la pantalla. Se trata de usar herramientas de control parental, de establecer normas y límites para el correcto uso de los dispositivos y plataformas”, explica Quintero.
“No hay que tener miedo a meterse en la vida de los hijos –añade Victoria Cabrera, coordinadora de investigación del Instituto de la Familia de la Sabana–. La supervisión debe ser permanente y en todos los aspectos, no se limita a lo tecnológico”.
Coby Persin, uno de los ‘youtubers’ más famosos de Estados Unidos, llevó a cabo un experimento social (los videos están disponibles en YouTube) que puso de manifiesto el grado de vulnerabilidad de los niños y adolescentes frente a la web. Haciéndose pasar por un chico en algunas ocasiones y por una chica en otras, consiguió contactar a varios menores de edad que acabaron accediendo a encuentros con él, a pesar de que acababan de conocer al supuesto nuevo amigo. Los padres no daban crédito: sus hijos aceptaban rápidamente las citas clandestinas. ¿Por qué?
Una respuesta podría ser que los niños de hoy crecen con enormes vacíos afectivos. Buscan afuera lo que no encuentran en sus hogares. Los padres nunca tienen tiempo y creen que unos minutos, aunque sean de calidad, compensan. A cambio, los atiborran de tecnología sin control. Y se olvidan de lo básico: faltan más abrazos, más diálogo y menos emoticones. Piénselo la próxima vez que quiera calmar la rabieta de su pequeño con una dosis de biberón digital.
Cinco consejos para un uso responsable de la web
Estas son algunas de las estrategias que propone la organización Red PaPaz para garantizar la protección de los más pequeños en internet:
Establezca reglas: defina los sitios que se pueden visitar y con quiénes pueden interactuar en los entornos digitales. Establezca horarios y espacios para estar conectados (el computador nunca debe estar en el cuarto del menor).
Utilice aplicaciones de control parental: si usted sabe lo que hacen sus hijos en línea, será menos probable que se metan en problemas.
Hable con sus hijos sobre su vida digital: pregúnteles qué redes sociales usan, si saben qué hacer ante el acoso o la intimidación y si alguien que no conocen les ha enviado regalos o les ha pedido que se vean.

Evite equiparlos a edades tempranas.
Monitoree y acompañe la actividad de sus hijos, pero no los avergüence ni invada sus espacios. Más información: www.teprotejo.org
‘Sexting’ precoz
Una encuesta a más de 1.300 profesores del Reino Unido reveló que el intercambio de contenido sexual en redes (‘sexting’) implica a niños desde los 7 años.

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