domingo, 10 de abril de 2016

Cada año más de 300.000 niños y adolescentes abandonan el colegio

Expertos destacan avances del país en la reducción de este fenómeno, pero los estiman insuficientes.

Para evitar la deserción escolar, se ha planteado el desarrollo de currículos escolares más atractivos para los estudiantes.
Para evitar la deserción escolar, se ha planteado el desarrollo de currículos escolares más atractivos para los estudiantes.
Pese a los avances sostenidos que en materia de retención escolar muestra el país en la última década, en el 2014, de acuerdo con el Ministerio de Educación, cerca de 319 mil niños y adolescentes (el 3,07 por ciento del total de la matrícula nacional, que es de 10’381.403) desertaron de sus colegios.
No puede desconocerse que las cifras son alentadoras, y no solo porque se superó la meta de reducción de deserción fijada por el Plan Sectorial 2010–2014, que era del 3,8 por ciento, sino porque son ostensiblemente mejores que las reportadas en el 2002, cuando dicha tasa rondaba el 8 por ciento.

Para los expertos, sin embargo, es necesario aunar esfuerzos para evitar que los escolares abandonen sus estudios, particularmente en secundaria, lo cual les resta la posibilidad de construir proyectos de vida exitosos.
Vale resaltar, de hecho, que allí se presentan las tasas más altas de deserción. El grado sexto, de acuerdo con las estadísticas, es el más crítico, con un 4,27 por ciento; seguido por séptimo, con un 3,71 por ciento, y octavo, con un 3,61 por ciento.
Hugo Ñopo, economista líder de la división de educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), alaba el hecho de que Colombia esté viviendo un avance en esta materia. No obstante, aún estamos en el grupo de países con tasas medias de deserción en América Latina, según un informe de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal). De este mismo grupo también hacen parte México y Perú.
La tasa más baja de abandono escolar está encabezada por Chile, y las más altas son reportadas por Bolivia, Brasil, Salvador, Guatemala, República Dominicana y Venezuela.
Según Ñopo, el desinterés de los estudiantes de secundaria es una de las principales causas de deserción, “los contenidos no resultan atractivos para ellos y tampoco llenan sus expectativas. Ahí está el desafío para los pedagogos”.
En efecto, la última Encuesta Nacional de Deserción 2012 del Ministerio, que entrevistó a 46.285 estudiantes, reveló que a medida que avanzaban los cursos, el interés de los alumnos por las materias disminuía.
En quinto grado, por ejemplo, el 38,5 por ciento respondió que las clases les parecían divertidas, mientras que en once el porcentaje disminuyó a un 14,4 por ciento. El mismo informe mostró que el 16 por ciento de los encuestados no consideraba útiles para el futuro las clases que recibían, un factor que ligaban a las causales de deserción.
La Fundación Dividendo por Colombia coincide en que la deserción afecta más a los escolares de secundaria. Cifras de Mineducación reportan un porcentaje de permanencia en primaria del 96 por ciento, mientras que en secundaria apenas alcanza el 67 por ciento.
“La extraedad –asegura Juan Carlos Bernal, director de proyectos de Dividendo por Colombia– es uno de los factores más notables de deserción, lo que requiere modelos de aceleración de aprendizaje. En el país, unos 30 mil niños necesitan este tipo de modelos flexibles para nivelarse”.
Bernal agrega que en el país hay un problema grave en escritura, lectura y comprensión lectora (que son vitales para entender distintas materias), lo que está haciendo que las universidades tengan que hacer inversiones en cursos especiales y que los niños que no sepan leer ni escribir se vayan de la escuela.
Una inversión perdida
Las vías planteadas por los expertos para reducir la deserción escolar apuntan a la consolidación de conocimientos en primaria y al desarrollo de currículos escolares que resulten atractivos para los estudiantes de secundaria.
Los avances en la región deben revisarse con lupa, explican los expertos, con miras a establecer si la reducción de la deserción está realmente vinculada a mejoras en el aprendizaje o al hecho de que los estudiantes estén avanzando, un grado tras otro, sin mejorar en estos conocimientos básicos.
En América Latina, los países invierten entre 1.000 y 5.000 dólares anuales por estudiante. Un joven que abandone sus estudios afecta la inversión en capital humano de los países, lo que implica un costo muy grande en términos de desarrollo y participación ciudadana.
Ñopo insiste en que la inversión en educación no solo le conviene a un individuo, sino que genera bienestar en la comunidad. Estudios han demostrado que las personas con menos educación son los que más reportan problemas de salud y bajos niveles de participación ciudadana.
Más de 4 millones de niños aún no se matriculan
A punto de iniciarse el año escolar en el país, Mineducación reportó que apenas el 54 por ciento de los estudiantes se han matriculado, unos 5’663.024 niños. Sin embargo, se espera que antes de terminar el mes, los 4’718,379 estudiantes faltantes se inscriban.
Las autoridades piden a los padres de los departamentos de San Andrés, Guainía, Vichada y Córdoba (donde se reportan los niveles más bajos de menores inscritos) no dejar de matricular a sus hijos este año. Así mismo, el Ministerio recuerda que si los niños son estudiantes antiguos, se debe garantizar su continuidad a través de la solicitud en el sistema de matrícula. Si son nuevos, deben inscribirse en las secretarías de Educación correspondientes y luego formalizar la matrícula en los colegios.

sábado, 9 de abril de 2016

Que sus hijos no se conviertan en trofeo



No controlar afán por resultados académicos puede producir adultos inseguros, ansiosos y depresivos.

Foto: Montaje: Diseño Editorial. Fotos: 123rf
"En padres narcisos, el hijo pasa a ser un objeto para validarse a sí mismos", manifiesta la psicóloga Daniela Toro.
“Queridos padres: les escribo porque me rindo. Su hijo es mejor que el mío. Ustedes ganan. No jugaré más el juego de la competitividad parental”.
Con estas líneas –publicadas en ‘The Huffington Post’–, Anne Josephson, dueña de una cadena de gimnasios en EE. UU. y bloguera, inicia una carta-desahogo donde describe un fenómeno muy común que toca a los padres cuando los colegios entregan notas y premios: la competencia por tener “el mejor hijo”. El “mejor” así, entre comillas, porque no se trata solo de tener niños sanos, inteligentes, equilibrados, llenos de amigos y con notas sobre el promedio de su curso, sino que lideren en lo académico y ojalá también en lo deportivo. Ser los primeros. Ganar. En definitiva, que aporten un dato concreto que les haga sentir que, como padres, no solo lo han hecho bien: lo han hecho mejor que el resto.

“Ni siquiera nos damos cuenta de cuándo entramos en este juego”, continúa Anne, para luego describir un sinfín de comentarios y situaciones que revelan una competitividad solapada o abierta, que experimentan los padres incluso más allá de la etapa escolar. ¿Ejemplos?: “No puedo creer que mi hijo ya esté leyendo”, dice la mamá de un niño que recién comienza el jardín infantil. Madres de adolescentes preguntándoles a los demás qué puntaje lograron sus hijos en las pruebas de selección universitaria, solo para poder contar lo bien que le fue a su primogénito. Y hasta padres de hijos ya adultos, confundiendo el natural orgullo que puedan sentir por los primeros trabajos de estos con la necesidad de hacerle ver al resto lo “bien ubicados” que quedaron.
Lizzie Brooke, columnista de ‘The Guardian’, advierte que excederse con este tipo de comentarios puede indicar que los padres no se preocupan por sus hijos como los individuos que son, sino como meros representantes de lo que ella llama con ironía “ego parental”.
El conocido educador Jesús Jarque, miembro de la Sociedad Española de Pedagogía, comenta que efectivamente se ha encontrado en su trabajo con padres que sufren del narcisismo parental que describe Brooke. En algunos casos, dice, se trata de padres que incluyen, dentro de su estatus de triunfadores, el hecho de que su hijo también lo sea. Los logros no aparecen en su mente como algo que han conseguido los niños con esfuerzo, sino como uno más de sus éxitos.
“Hay padres que creen que los hijos son simplemente su continuación –dice Jarque–. No consienten que nada hiera su narcisismo: sus hijos deben ser perfectos. En algunas circunstancias, esto es muy peligroso: me he encontrado con padres incapaces de reconocer un problema grave en su hijo porque eso heriría su ego.
A veces, a esta presión se suma el tema ético. “En casos peores, el espíritu competitivo justifica el juego sucio. Los niños son los primeros que aprenden que sus padres mienten, manipulan y presionan al maestro cuando lo importante es ser el primero. Los niños repiten actitudes como mentir, amenazar al profesor o reclamar. Su moral se basa, fundamentalmente, en el criterio de los padres y madres”, advierte Jarque.
Tan convencidos están estos padres de que el éxito lo vale todo que es muy difícil que cambien. De acuerdo con Kate Roberts, psicóloga con doctorado en psicología clínica y columnista de la revista Psychology Today, “está comprobado que los padres capaces de desarrollar hijos sanos tienen altas expectativas con respecto a lo que ellos puedan lograr. Pero esos padres entregan cariño, forjan relaciones nutritivas. Si el hijo se esfuerza y no es exitoso, lo acogen, le dan un buen soporte emocional. El narciso no hace eso. Si el hijo no cumple con las expectativas no le entrega afecto. Es incapaz de establecer un vínculo afectivo”.
Las altas demandas, además, suelen producir círculos viciosos. Según explica Roberts, crecer pensando en qué tan gratificados o decepcionados se puedan sentir los padres genera ansiedad. Si bien algo de ansiedad es buena para avanzar, precisa, cuando es mucha los niños se distraen.
“A veces ocurre también que los padres delegan en los hijos aspectos que ellos no han resuelto; pedirle al otro que tenga una vida que no tuvo”, acota Pamela Soto, terapeuta familiar de la Universidad Diego Portales, de Chile. En este contexto, dice Kate Roberts, lo que consigan los hijos se suma a otros factores que supuestamente miden el éxito, como tener una buena casa, un buen carro, un trabajo de estatus. Y los hijos aprenden que su valor está ahí. Por eso, de adultos, reproducen el modelo.
Bajar la guardia
Con todo, opina Pamela Soto, puede ser injusto apuntar con el dedo a los padres: “Vivimos en una sociedad en que los premios y logros dan valor a las personas. La competitividad es un fenómeno cultural. Es lo que hemos construido. Los padres que están sobreexigiendo no son malas personas, porque los colegios se organizan en torno al rendimiento”.
Convencidos de que los niños deben prepararse para sobrevivir en un mundo competitivo, muchos padres justifican la presión sobre sus hijos. Algo de razón tienen: los especialistas coinciden en que una cuota de competitividad hace bien y actúa como un estímulo de superación. El problema está en el exceso. Como precisa Daniela Toro, terapeuta familiar de la Clínica Las Condes, de Santiago, lo importante es que el afán de logro no invisibilice las vulnerabilidades ni permita que se pierda la capacidad de valorar los procesos, errores y progresos de los hijos.
Los padres que caen en una competitividad malsana pueden reconocerse, según Jesús Jarque, por un puñado de conductas que los delatan. Estos padres son los que imponen una calificación mínima, exigen a sus hijos que sean los primeros de la clase, hacen constantes comparaciones, reclaman por las notas y tienen cierta obsesión por ir de prisa. Que sus hijos sean los primeros en aprender a leer, por ejemplo, puede ser para ellos más importante que el hecho de que aprendan a disfrutar la lectura.
Además, es vital que el hijo sienta que sus éxitos son suyos. Dice sobre esto Francisca Puga, psicóloga con magíster en psicología social comunitaria en el London School of Economics: “Muchas veces los logros son compartidos: hay una inversión de padres e hijos para conseguirlos. Pero la ecuación entre la confianza en las propias capacidades y la seguridad de poder apoyarse en los padres va cambiando con el tiempo. Es esperable que, con la edad, lo primero vaya adquiriendo más protagonismo.
“Una cosa es sentirse orgulloso por los logros de los hijos, pero otra cosa es que yo transfiera ese orgullo hacia mí mismo, como si los logros fueran míos”, comenta Soto.
Según explica la psicóloga, esta falta de diferenciación genera una dependencia hacia los padres; los hijos crecen dependiendo de la valoración de los otros y con dificultad para reconocer sus necesidades, para seguir su propio camino. De adultos, suelen ver las necesidades de los otros y no las suyas, lo que a la larga puede traducirse en depresión, angustia, ansiedad o relaciones culposas. Los padres, por otro lado, suelen sentir frustración.
“Cuando la evaluación que hacen de ti tus padres es siempre comparativa, terminas siendo un adulto inseguro –comenta Daniela Toro– , porque te mides con parámetros que no están puestos en ti mismo. Tienes baja tolerancia a la frustración y pierdes matices: o eres exitoso o eres un fracaso. Actúas de acuerdo con lo que ‘deberías’ ser, y eso trae infelicidad. Rebelarse contra esto, por otro lado, tiene costos: esa decisión suele provocar muchos conflictos familiares”.
Al final, la principal misión de los padres en ese sentido, coinciden los expertos, es facilitar la posibilidad de que los hijos desarrollen su propio plan de vida, con objetivos propios.

viernes, 8 de abril de 2016

Dona una bici, campaña para ayudar a niños a ir a estudiar

Jóvenes bogotanos evitan que algunos niños tengan que caminar largos trayectos hasta sus escuelas.

Organizaciones como Perlas del Pacífico, con ayuda de Bikefest y Funleo, dan bicicletas a poblaciones vulnerables. Foto cortesía de Bikefest
Organizaciones como Perlas del Pacífico, con ayuda de Bikefest y Funleo, dan bicicletas a poblaciones vulnerables. Foto cortesía de Bikefest

Bikefest es una organización creada hace cuatro años por un grupo de jóvenes de entre 25 y 30 años, aficionados a la bicicleta, el ejercicio y la vida sana, que deseaban promocionar la cultura y el deporte en Bogotá.

Después de realizar varios eventos deportivos, este colectivo se percató de la dificultad que muchos niños de bajos recursos tienen para asistir a escenarios de aprendizaje.


Así que decidieron crear ‘Dona una bici’, campaña que nació en el 2013 y que hasta el momento ha ayudado a más de 70 niños de localidades de Bogotá como Suba y Bosa, así como de municipios aledaños.

El proceso de donación de las bicicletas no es sencillo, ya que Bikefest es responsable exclusivamente tanto de la difusión como de la obtención de recursos del proyecto.


Sus integrantes recogen las bicicletas donadas, las reparan, pintan y entregan a cada niño. El capital para comprar los repuestos y dejar las bicis como nuevas sale de eventos anuales como el Bike Fest Party, que ellos mismos promueven, o de donaciones de fundaciones como Funleo, de la chef colombiana Leonor Espinosa.
Para Juliana Vásquez Castilla, fundadora de esta organización, la bicicleta es una de las herramientas más poderosas que existen para generar y vivir cambios positivos, tanto a nivel personal como ambiental.
“Tenemos la certeza de que cuando un niño monta por primera vez en una bicicleta va a recordar toda la vida la sensación que esta produce, y generalmente es una sensación de felicidad. Esto nunca se olvida, así como mantener el equilibrio. Entonces, confiamos plenamente en que el niño a lo largo de su vida asociará a la bicicleta con una buena experiencia”, asegura.
Por su parte, Héctor Tello, líder de la organización Perlas del Pacífico, la cual es beneficiada con las ciclas donadas por Bikefest, señaló que “al recibir una bicicleta, la vida de un niño cambia. Observar la expresión de alegría y la sonrisa dibujada en su rostro, cuando le entregan este juguete convertido en su medio de transporte, es algo indescriptible. Sobre todo por las necesidades que a veces experimenta en su hogar”.

jueves, 7 de abril de 2016

Los gatos no pasean como los perros

Los gimnasios, los juguetes y los juegos con sus amos ayudan a la actividad física que necesitan.

El arnés debe ser adecuado al tamaño del gato.
El arnés debe ser adecuado al tamaño del gato.
“Ese Judas parece un perro”. Eso dice Sofía Aristizábal del gato de su hija Daniela, porque va con ellos a todas partes, incluso al centro comercial.


“En el carro, le gusta ver pasar la gente, los carros, mira todo en el semáforo. Le encanta que le baje la ventana para ventanear. Y cuando lo sacamos a la manga (al parque), le encanta correr, aunque se va cerquita de nosotros y vuelve rápido”, comenta Daniela Castaño.

Nunca se le ha escapado. “Es muy tranquilo, un gato se eriza muy fácil con todo, pero Judas no. De pronto con un perro, pero no más”, agrega.

Desde que Judas (un bengalí) llegó pequeñito a la casa de Daniela y Pablo Echeverri, hace un año, lo acostumbraron a usar un arnés y correa a la hora de salir.

Querer sacar a los gatos a pasear como se hace con los perros es un capricho humano, pues los gatos no tienen ese comportamiento.

“Los gatos tienen una naturaleza, un instinto diferente al perro. Desde la misma evolución, cazan en solitario, son más independientes. Un perro se acostumbra a caminar al lado de su amo, eso nunca lo va a hacer un gato”, explica Mauricio Giraldo, veterinario jefe de Agrocampo.
Y el médico veterinario Édgar Iván Martín, de la clínica veterinaria de la Universidad de La Salle, agrega que “los gatos son animales territoriales y cuando los sacas del espacio que conocen lo sienten como una ofensa”.
Sin embargo, si al gato se le enseña un determinado comportamiento desde pequeño, lo aprende aunque no sea su naturaleza.
“Quienes logran sacar a pasear el gato con pechera es porque le han dedicado tiempo y adiestramiento desde que son cachorros”, comenta Giraldo.
En estos casos, hay que tener en cuenta que el gato siempre irá a su ritmo, delante de su dueño, en la dirección que quiera. “Por eso, para controlarlo es mejor tenerlo cerca, con una correa corta”, dice Giraldo.
La pechera o arnés, debe ser de acuerdo a su tamaño y no apretar. Estos ayudan a darle seguridad en ambientes urbanos que no conocen y a que no salgan corriendo a esconderse ante ruidos, personas y situaciones desconocidas para ellos.
Mucha actividad física
Como el gato es tan fácil de manejar, con su arena para las necesidades fisiológicas y la adaptación al espacio en el que esté, muchos amos olvidan que también necesitan actividad física. “Estamos viendo gatos con problemas de obesidad”, advierte Giraldo.
Aunque no hay que sacarlos a caminar como a los perros, hay que tenerles juguetes y gimnasios, con texturas y sonidos, que les permitan trepar, correr, mantenerse en la altura. Y jugar mucho con ellos con las cañas, a la persecución de objetos y cosas así que de paso ayuden a mantener su instinto explorador y de caza.
En todo caso, no hay que olvidar que al gato le gusta explorar (puede manejar un radio de acción geográfica de hasta cuatro o cinco kilómetros) y tal vez salga a pasear solo, pero siempre regresará a donde le dan comida y cariño.
Siempre necesitan recompensa
Si le quiere enseñar un comportamiento al gato que no es propio de su naturaleza, lo mejor es comenzar desde cachorros con la rutina progresivamente. Siempre hay que darle una recompensa cuando lo haga bien, especialmente caricias.
Para llevar el arnés, hay que empezar por ponérselo a ratos en la casa para que se vaya acostumbrando. Luego, sacarlo a la entrada un rato. Y así ir avanzando poco a poco con la salida hasta que se acostumbre y no se asuste con lo que pasa afuera.
“A Judas no le gustaba al principio, se rascaba e intentaba quitárselo”, cuenta Daniela Castaño.

miércoles, 6 de abril de 2016

Cómo utilizar el inbound marketing en la industria de la educación

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La mejor manera de ver cómo funciona el inbound marketing para instituciones educativas es ilustrándolo. El siguiente mapa conceptual muestra como un estudiante experimenta desde su perspectiva el inbound marketing.

martes, 5 de abril de 2016

Cinco millones de colombianos tienen problemas de audición

Las principales causas de daños auditivos son la exposición a ruidos excesivos y el envejecimiento.

El uso de reproductores de música a niveles excesivos es el principal causante de daños auditivos en jóvenes
El uso de reproductores de música a niveles excesivos es el principal causante de daños auditivos en jóvenes
El 5 por ciento de la población del planeta, es decir unos 360 millones de personas, tienen pérdidas auditivas tan severas que resultan discapacitantes.


El dato fue dado a conocer por la Organización Mundial de la Salud, en el marco de la conmemoración, este jueves, del Día Mundial de la Audición. Llama la atención que 32 millones de afectados son niños que, en su mayoría, viven en países de ingresos bajos y medios, como Colombia.




Este dato genera, de acuerdo con la OMS, una particular preocupación, pues la audición es fundamental para que los niños aprendan a hablar, puedan integrarse mejor a la escuela y a la vida social, “de ahí que la pérdida de audición supone un obstáculo para la educación y la integración social”, señaló el organismo.



Vale la pena anotar que el 60 por ciento de las pérdidas de audición en menores de edad son evitables, y entre ellas se cuentan las infecciones, las infecciones perinatales, la exposición a ruido excesivo, los efectos secundarios de algunos medicamentos y algunas enfermedades del oído.



Los pequeños no son los únicos afectados por las pérdidas auditivas. El Ministerio de Salud y Protección Social aproxima que unos cinco millones de colombianos (es decir, cerca del 11 por ciento de la población total), tienen problemas de audición.



“Se estima –señala una comunicación del Ministerio- que entre la población activa de 25 a 50 años la prevalencia de la pérdida de audición es de un 14 por ciento. Aun así, solo tres de cada diez personas buscan ayuda y acuden al especialista”.



El problema no para ahí: las proyecciones de las autoridades de salud indican que en países como Colombia la prevalencia de estos problemas entre la población será dos veces más alta que en las naciones desarrolladas, debido a las numerosas infecciones de oído sin tratar.

“El 16 por ciento de los adultos sufre pérdida de audición lo suficientemente seria como para tener consecuencias negativas en su vida diaria”, recalca el Ministerio, que agrega, no obstante, que las dos causas más comunes de la pérdida de audición en el país son el ruido y el envejecimiento.
La audióloga Liliana Dottor, presidenta de la Asociación Colombiana de Audiología, explica que después de los 30 años empiezan a perderse las células que permiten detectar los sonidos; “en esa etapa –insiste- el estilo de vida es fundamental para mantener una buena audición; la segunda causa es el uso de reproductores de música a un volumen muy alto, por largos periodos de tiempo, y que afecta sobre todo a los jóvenes”.
De acuerdo con el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, rara vez los sonidos menores a 75 decibeles causan pérdida de la audición. Cuando se supera este umbral, los riesgos aumentan.
“Entre las fuentes de ruido que pueden llegar a causar sordera –advierte el Instituto- se cuentan las motocicletas y las armas de fuego, cuyo sonido puede alcanzar entre los 120 y los 150 decibeles: “La exposición prolongada o repetitiva a sonidos de por lo menos 85 decibeles puede causar la pérdida auditiva. A más alto el ruido, más rápido se desarrollará el trastorno”, asegura la entidad.
Al respecto, el Instituto Nacional para Sordos (Insor) señala que el ruido ambiente de una calle céntrica en ciudades colombianas puede llegar a 75 decibeles y que los jóvenes suelen someter sus oídos a niveles que oscilan entre los 95 a 100 decibeles con el uso de reproductores de música.El Insor añade que los auriculares que se introducen en el oído pueden ser incluso más dañinos por aumentar la acústica y llegar cerca de los 120 decibeles, que es el límite donde inicia el dolor auditivo.


Dottor recomienda seguir el protocolo del Insor y el Ministerio de Salud con respecto al volumen adecuado: “Se debe ubicar el dial de volumen y dividirlo en cuatro partes, lo ideal es escuchar un poco por debajo de la mitad del dial, pues por encima de eso puede crearse una presión muy alta y llevar a daño auditivo”.


Los especialistas recomiendan no dejar pasar por alto las siguientes recomendaciones:

  • Sufrir pitidos (tinnitus) o zumbidos en los oídos; si ese es el caso, hay que consultar.
  • Alejarse de sitios ruidosos, por ejemplo de aquellos en los cuales se dificulta mantener una conversación debido a los volúmenes excesivos (discotecas, tabernas, calles o fiestas, por ejemplo).
  • No introducir elementos extraños en los conductos auditivos, ni siquiera copos de algodón.
  • Moderar el uso de reproductores de música; escucharlos a bajo volumen y por periodos cortos.
En cuanto a los jóvenes, conviene que tengan descansos auditivos, es decir que se alejen del ruido cuanto puedan, por lo menos cinco o diez minutos cada hora en situaciones de volúmenes altos, como las fiestas o conciertos. Se aconseja, además, hacerse un chequeo anual y utilizar debidamente los protectores auditivos. La idea es ponerlos antes de ingresar a sitios con mucho ruido.

lunes, 4 de abril de 2016

Preguntas básicas sobre la responsabilidad legal de los padres

Derecho a alimentos no solo significa comida como muchos piensan

Derecho a alimentos no solo significa comida como muchos piensan
Derecho a alimentos no solo significa comida como muchos piensan
Un tema de gran interés para los colombianos y que es consultado diariamente en soportejuridico.com, la plataforma de atención legal más usada por los colombianos, es ¿qué son los alimentos?, ¿a quién se le deben alimentos por ley? y todo lo demás relacionado con este tema.
1. ¿Qué son los alimentos desde el punto de vista legal?

Como primera medida es importante aclarar un error muy común que tienen los colombianos, ya que las personas suelen creer que cuando se habla de alimentos únicamente se hace referencia a la comida, pero no, los alimentos son todo aquello que es indispensable para el sustento de la persona, como: la vivienda, el vestido, la salud, la recreación y la educación de las personas. 

2. ¿A quién se le debe los alimentos?
El Código Civil en su artículo 411 se estipula a quién se les debe alimentos:
1. Al cónyuge.
2. Los hijos ya sean matrimoniales, extramatrimoniales y adoptivos.
3. Los padres naturales, adoptivos o adoptantes.
4. Al cónyuge divorciado o separado sin su culpa a cargo del cónyuge culpable.
5. Los hermanos.
6. Al que hizo una donación cuantiosa, si no hubiere sido rescindida o revocada.
Ahora, el derecho a recibir alimentos se fundamenta en la obligación legal de una persona para con otra de darle lo necesario para su subsistencia, esto derivado en principio del vínculo de sangre o parentesco, ya que el derecho a alimentos nace de una necesidad o incapacidad de valerse por sí mismo, y como miembros de una familia debe existir solidaridad entre los ellos.
3. ¿Qué diferencias existen entre alimentos congruos y necesarios?
Así pues, en la legislación colombiana, los alimentos se dividen en dos: alimentos congruos y alimentos necesarios, siendo los primeros aquellos que requiere la persona para subsistir de acuerdo con su posición social, status o nivel de vida; por ejemplo, si un padre y un hijo menor de edad son estrato 5, el niño, además de la educación, alimento, vestido, salud y recreación básica, está acostumbrado a ir a clases de pintura y tenis; es decir, el padre en la medida de sus posibilidades económicas deberá suplir tales necesidades del menor.
Los segundos, hacen referencia aquellas condiciones o aportes básicos expresamente necesarios para sustentar su vida, esto sin importar estrato o condición social, únicamente teniendo en cuenta el mínimo vital.
De esta forma, la ley obliga al alimentante a otorgar los alimentos cuando el alimentario (el que recibe los alimentos) los solicite, ya sea de forma directa, por medio de un acuerdo entre las partes o por vía judicial, siempre y cuando este sea titular de este derecho, es decir sea cualquiera de las personas mencionadas con anterioridad, todos estos pueden solicitar alimentos necesarios, ya que los congruos excluyen de la lista a los hermanos.
Si bien es cierto, la ley obliga a cumplir con este mandato de dar alimentos, pero una pregunta muy frecuente es ¿Hasta cuándo se deben alimentos? en principio y como regla general la obligación subsiste por toda la vida del alimentario siempre y cuando existan las circunstancias que generaron la obligación, es decir cuando subsista la necesidad del alimentario y la capacidad del alimentante, ya que nadie está obligado a lo imposible.
4. ¿ Hasta cuándo se deben alimentos?
Una de las preguntas más frecuentes sobre alimentos que llegan a soportejuridico.com es, ¿Hasta cuándo se deben alimentos? Para el caso del cónyuge, los alimentos se deben mientras esté vigente el vínculo matrimonial; para los hijos, hasta que cumplan la mayoría de edad (18 años) o hasta los 25 años, si se encuentra estudiando (educación básica o universitaria pregrado), y para los hijos que tengan un impedimento físico o mental y no sean capaces de valerse por sí solos, se deben durante toda su vida; A los padres, hasta que fallezcan; Al cónyuge divorciado o separado sin su culpa a cargo del cónyuge culpable o cuando uno haya dependido del otro económicamente durante todo el matrimonio y no tenga forma de subsistir solo, esta obligación va hasta que: a.) La otra persona encuentre la forma de subsistir, b.) inicie vida marital con otra persona y c.) muera; a los hermanos, hasta que cumplan la mayoría de edad o 25 años, si están estudiando o hasta que fallezcan cuando tengan alguna discapacidad, lo anterior siempre y cuando no cuenten con nadie más que responda económicamente por ellos como por ejemplo tenga padres o hijos; y al que realizó una donación, la obligación de darle alimentos será por toda la vida del alimentario, continuando las circunstancias que legitimaron la demanda, es decir, cuando esta persona no tenga como subsistir por si solo o con ayuda de sus familiares.

5. ¿Cómo se pueden solicitar los alimentos?
Finalmente, los alimentos se pueden solicitar mediante dos vías: primero por medio de una conciliación (acuerdo entre las partes) ante cualquier centro de conciliación autorizado, como por ejemplo: comisarías de familia y segundo, por vía judicial ante un juez de familia, para que sea este quien obligue al alimentante a otorgar los alimentos solicitados. En cualquiera de estas vías es recomendable que se tenga el acompañamiento de un abogado especializado en familia como se puede encontrar en soportejuridico.com, plataforma que atiende sus casos en línea con asesoramiento previo para guiarlo en lo que necesite.

¿Qué puede hacer un colombiano que está fuera del país y cree tener derecho a reclamar alimentos o lo requiere para que cumpla con su obligación alimentara?

soportejuridico.com nos dice que así no se encuentre en el país, el ciudadano colombiano podrá hacer valer sus derechos reclamando alimentos y defenderse ante una posible reclamación de los mismos, esto sin necesidad de venir a Colombia, únicamente mediante el otorgamiento de un poder especial a un nuestros abogado especialista en el tema para que actúe en su nombre y representación, poder que deberá autenticarse en el Consulado Colombiano del país en que se encuentre o por un agente diplomático de la República y enviarlo a las oficinas de Soporte jurídico, con el fin de que con este puedan iniciar el proceso pertinente o asumir la defensa.