domingo, 12 de julio de 2026

Tres de cada cuatro enfermedades nuevas vienen de los animales…


Tres de cada cuatro enfermedades nuevas vienen de los animales… pero la verdadera pregunta es: ¿estamos aprendiendo a convivir con ellos?

Hay datos que pasan desapercibidos porque aparecen en medio de tantos titulares. Los leemos, asentimos con la cabeza y seguimos con nuestra rutina. Pero hay otros que, cuando uno decide detenerse unos minutos, cambian completamente la forma de ver el mundo. Uno de ellos dice que tres de cada cuatro enfermedades infecciosas emergentes tienen origen animal.

No es una cifra cualquiera.

Es una invitación a pensar en la relación que hemos construido con la naturaleza, con los animales y hasta con nosotros mismos.

Durante mucho tiempo crecimos creyendo que la salud era simplemente ir al médico cuando nos enfermábamos. Sin embargo, con el paso de los años entendemos que la verdadera salud comienza mucho antes de llegar a un consultorio. Empieza en las decisiones que tomamos todos los días, en cómo cuidamos el entorno, en la manera en que tratamos a los animales y en la responsabilidad que asumimos como sociedad.

El Día Mundial de la Zoonosis, que se conmemora cada 6 de julio, no solo busca recordar una fecha en el calendario. También nos invita a comprender algo que durante décadas muchos científicos han intentado explicar: la salud humana nunca ha estado separada de la salud animal.

Vivimos en un planeta compartido.

Aunque a veces actuemos como si todo girara alrededor de las personas, la realidad es muy distinta. Los animales forman parte de un equilibrio inmenso del que dependemos incluso cuando no somos conscientes de ello.

Una mascota que recibe sus vacunas protege a toda una familia.

Una granja que aplica medidas de bioseguridad protege a miles de consumidores.

Un veterinario que detecta una enfermedad a tiempo puede evitar una crisis sanitaria mucho mayor.

Son acciones silenciosas.

No aparecen en los titulares.

No generan millones de "me gusta" en redes sociales.

Pero probablemente salvan más vidas de las que imaginamos.

Después de la pandemia de COVID-19 muchas personas comenzaron a escuchar con mayor frecuencia conceptos como enfermedades emergentes, vigilancia epidemiológica o prevención. Sin embargo, cuando la emergencia pasó, también volvió la costumbre de olvidar.

Y quizás ese sea uno de los mayores desafíos que enfrentamos como sociedad.

Solo reaccionamos cuando el problema ya está frente a nosotros.

Nos cuesta invertir tiempo, recursos y atención en aquello que justamente evita que ocurran las tragedias.

La prevención tiene un problema muy curioso: cuando funciona, casi nadie la nota.

Nadie celebra el brote que nunca ocurrió.

Nadie hace noticia sobre una enfermedad que fue detenida antes de propagarse.

Nadie agradece aquello que nunca llegó a convertirse en crisis.

Pero precisamente ahí está su verdadero valor.

Pensando en esto recordé algo que escuché hace algunos años: el éxito de un sistema de prevención consiste en que la mayoría de las personas nunca lleguen a darse cuenta de todo lo que evitó.

Qué gran verdad.

Vivimos en una época donde la ciencia avanza a una velocidad impresionante. Existen vacunas más seguras, herramientas de diagnóstico más precisas y tecnologías capaces de detectar riesgos sanitarios mucho antes que hace unas décadas.

Sin embargo, ninguna innovación puede reemplazar la responsabilidad individual.

De poco sirve desarrollar soluciones extraordinarias si olvidamos las acciones más básicas.

Llevar a nuestras mascotas al veterinario.

Cumplir con sus esquemas de vacunación.

Mantenerlas desparasitadas.

Evitar el abandono animal.

Consumir alimentos provenientes de procesos responsables.

Respetar la biodiversidad.

Son decisiones pequeñas.

Pero cuando millones de personas las toman, el impacto es enorme.

Hay un concepto que cada vez cobra más fuerza en el mundo: Una Sola Salud (One Health).

Al principio puede sonar como otro término técnico, pero en realidad resume una idea muy sencilla.

La salud de las personas depende de la salud de los animales y ambas dependen de la salud del medio ambiente.

No son tres problemas diferentes.

Son uno solo.

Cuando contaminamos un río, afectamos especies animales que forman parte del equilibrio natural.

Cuando destruimos ecosistemas, aumentan las posibilidades de contacto entre personas y especies silvestres.

Cuando descuidamos la sanidad animal, también ponemos en riesgo la salud humana.

Todo está conectado.

Más de lo que imaginamos.

Quizá por eso cada vez me convenzo más de que el futuro no dependerá únicamente de los avances tecnológicos, sino también de nuestra capacidad para entender esas conexiones invisibles.

A veces creemos que proteger un bosque solo beneficia a los árboles.

O que vacunar un perro únicamente protege a esa mascota.

Pero la realidad siempre termina siendo mucho más amplia.

Cada decisión genera consecuencias que muchas veces no alcanzamos a ver.

Vivimos en una sociedad donde nos gusta hablar del futuro.

Hablamos de inteligencia artificial.

De robots.

De exploración espacial.

De ciudades inteligentes.

Todo eso resulta fascinante.

Pero sería un error olvidar que el verdadero progreso también consiste en aprender a convivir responsablemente con la naturaleza.

Porque no existe tecnología capaz de reemplazar un ecosistema saludable.

Ni innovación que pueda compensar completamente el daño causado cuando rompemos el equilibrio entre las especies.

Mientras leía sobre las cifras actuales relacionadas con las enfermedades zoonóticas, pensaba que detrás de cada número existen historias humanas.

Familias.

Profesionales de la salud.

Veterinarios.

Productores.

Investigadores.

Comunidades enteras que trabajan para que muchas enfermedades nunca lleguen a convertirse en una amenaza mayor.

Ese trabajo merece mucho más reconocimiento del que normalmente recibe.

Quizás no aparezcan en portadas todos los días.

Pero son parte de esa red silenciosa que sostiene la salud pública.

Y eso también merece ser contado.

Hace algún tiempo escribía sobre cómo muchas veces solo valoramos aquello que perdemos. Hoy pienso que ocurre exactamente lo mismo con la salud.

Solo entendemos su importancia cuando falta.

Tal vez sea momento de cambiar esa lógica.

De aprender a valorar más la prevención que la cura.

Más la responsabilidad que la improvisación.

Más la conciencia que la indiferencia.

Porque cuidar de un animal nunca ha sido solamente un acto de cariño.

También es un acto de responsabilidad social.

Porque proteger el medio ambiente nunca ha sido únicamente una causa ecológica.

También es una estrategia para proteger nuestra propia salud.

Porque invertir en ciencia nunca ha sido un gasto.

Es una de las mejores inversiones que una sociedad puede hacer para su futuro.

Si algo nos ha enseñado la historia es que las grandes crisis sanitarias rara vez aparecen sin avisar.

Siempre existen señales.

Siempre hay oportunidades para actuar antes.

La pregunta es si estaremos dispuestos a escucharlas.

Ojalá que el Día Mundial de la Zoonosis no sea simplemente otra fecha que pase desapercibida. Ojalá sea una oportunidad para recordar que vivimos conectados, que nuestras acciones tienen impacto y que el bienestar de las personas, los animales y el planeta no compiten entre sí, sino que avanzan juntos.

Al final, cuidar de los animales también es cuidar de nosotros mismos. Y quizás esa sea una de las lecciones más importantes que podemos aprender para construir un futuro más sano, más consciente y mucho más humano.

Gracias por llegar hasta aquí. Si esta reflexión te dejó pensando aunque sea un momento, ya valió la pena compartirla.

Facebook: https://www.facebook.com/Juliocesarmd21

Twitter: https://x.com/JUANMAMORENO03

Comunidad de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/Hpl3yMU9T154jdVp5fTHb2

Grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/BUta8KNDjq2GHM0z7RmkLG

Comunidad de Telegram: https://t.me/todoenunonet

Grupo de Telegram: https://t.me/todoenunonet

👉 ¿Quieres más tips como este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp.

— Juan Manuel Moreno Ocampo

"Cuando entendemos que compartimos el mismo hogar con todas las formas de vida, descubrimos que prevenir también es una forma de amar el futuro."