No sé muy bien en qué momento diciembre dejó de sentirse como una meta y empezó a parecerse más a un espejo. Hay años que llegan como abrazos, otros como advertencias, pero todos, de alguna manera extraña, nos ponen frente a la pregunta que más evitamos: ¿qué vamos a hacer con la vida que nos queda por vivir?
Ya estamos cerrando el 2025, un año que a muchos nos pasó por encima, a otros nos reordenó el alma y a otros, simplemente, les enseñó que resistir también es un acto de fe. Yo siempre he creído —quizás por lo que he vivido, por mi forma de sentir y por lo que he aprendido en casa— que el cambio no lo marca el calendario, sino la forma en que nos atrevemos a mirarnos con honestidad.
— El cierre de un ciclo que no siempre entendimos
Este 2025 fue raro. Tan lleno de avances tecnológicos que a veces parecía que el mundo caminaba diez pasos más rápido que nosotros. Y al mismo tiempo, tan humano, tan frágil, tan lleno de historias que se rompieron o se volvieron a armar desde cero.
A mí, personalmente, me recordó que uno no puede vivir esperando que todo tenga sentido. Hay momentos donde lo único que salva es la capacidad de seguir, de respirar, de levantarse cuando nadie está mirando. Lo escribí hace poco en Mi Blog (https://juanmamoreno03.blogspot.com/) cuando hablaba de lo difícil que es escucharnos en este ruido constante. Y lo sigo sosteniendo: la vida no es perfecta, pero es más digna cuando la vivimos con verdad.
También leí cosas profundas en Bienvenido a mi Blog (https://juliocmd.blogspot.com/), donde se habla de cómo la vida cambia cuando dejamos de perseguir lo que otros esperan y empezamos a construir desde quien realmente somos. Y creo que Año Nuevo es, precisamente, ese recordatorio: podemos volver a empezar desde la autenticidad, no desde la obligación.
— Los sueños que aún no nos atrevemos a nombrar
Si algo tiene enero, es que nos permite imaginar sin culpa. Y sin embargo, la mayoría de personas llega a esta fecha cansada, dudando si todavía vale la pena soñar.
— Lo que aprendí este año sobre la vida, la fe y la conciencia
Hay una frase que siempre guardo presente: uno no se hace adulto cuando cumple años, sino cuando aprende a mirarse sin máscaras. A veces esa mirada duele, porque muestra contradicciones, heridas y decisiones que no queremos aceptar.
Este año entendí tres cosas que me cambiaron la forma de caminar:
— La tecnología, el futuro y la presión de “no quedarnos atrás”
Es imposible hablar del 2026 sin pensar en todo lo que está pasando con la inteligencia artificial, la automatización, el cambio en la forma de estudiar, trabajar y relacionarnos. A veces da miedo. A veces entusiasma.
Pero lo que sí tengo claro es que la tecnología no nos está reemplazando: nos está preguntando quién queremos ser en medio de un mundo acelerado.
Es la misma reflexión que veo en Organización Todo En Uno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/), donde se habla de transformación digital con un enfoque humano. Me gusta porque recuerda algo esencial: lo importante no es la IA, sino nuestra capacidad de usarla con conciencia, con ética, con propósito.
— La verdad que descubrimos cuando cerramos ciclos
Solo eso ya es motivo suficiente para agradecer.
— La esperanza como decisión, no como casualidad
Quiero que este nuevo ciclo nos encuentre despiertos, conscientes, presentes. Que dejemos de tenerle miedo a los comienzos y aprendamos a abrazarlos como quien recibe una nueva oportunidad de vivir más bonito.
— Un deseo final, desde el corazón
Agendamiento: Whatsapp +57 310 450
7737
Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo
Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo
Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros
grupos
Grupo de WhatsApp: Unete a nuestro
Grupo
Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal
Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo
👉 “¿Quieres más tips como
este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.
