lunes, 23 de febrero de 2026

Cuando cuidar también es prever: lo que una mascota nos enseña sobre responsabilidad y amor Opción 2 – Generacional y consciente



Hay noticias que uno lee rápido, casi como quien pasa el dedo por la pantalla sin detenerse demasiado, y hay otras que, sin avisar, se quedan dando vueltas en la cabeza. No por el titular en sí, sino por lo que despiertan. Eso me pasó cuando leí que Laika ahora ofrecerá prepagada y seguro para mascotas, con planes desde $30.000. En apariencia es solo una noticia más del mundo empresarial, una estrategia comercial, una expansión de servicios. Pero cuando la miré con calma, me di cuenta de que hablaba de algo mucho más profundo: de cómo estamos cambiando como sociedad, de cómo entendemos el cuidado, la responsabilidad y el lugar que ocupan los animales en nuestras vidas.

Yo nací en 2003. Crecí en una casa donde siempre hubo animales, pero también crecí viendo cómo, con los años, esos animales dejaron de ser “la mascota” para convertirse en parte de la familia. No en un sentido romántico o exagerado, sino real. El perro ya no era solo el que cuidaba la casa; era el que acompañaba silencios, el que estaba ahí cuando nadie más entendía lo que pasaba por dentro. El gato ya no era solo independiente y distante; era presencia, rutina, equilibrio. Y creo que eso mismo nos ha pasado a muchos de mi generación, incluso a quienes viven en ciudades grandes, apartamentos pequeños y agendas llenas.

Por eso, cuando una empresa como Laika decide ofrecer una prepagada y un seguro para mascotas, no está inventando una necesidad de la nada. Está leyendo algo que ya está ocurriendo: cada vez más personas entienden que tener un animal no es solo dar comida y cariño, sino asumir una responsabilidad integral. Cuidar la salud de un ser vivo no es algo que se improvisa cuando pasa algo grave. Es algo que se piensa antes, con conciencia, con previsión, con criterio.

Y aquí es donde la noticia deja de ser solo empresarial y se vuelve humana. Porque hablar de un plan desde $30.000 no es solo hablar de precio; es hablar de acceso. De entender que el cuidado no puede ser un privilegio exclusivo de unos pocos. Que prevenir también es una forma de amar. Que llevar a tu mascota al veterinario a tiempo puede evitar sufrimientos innecesarios, decisiones apresuradas y culpas que llegan tarde.

He visto de cerca lo que significa no estar preparado. Mascotas enfermas, familias angustiadas, decisiones tomadas desde el miedo y no desde la claridad. Y también he visto el otro lado: cuando hay información, acompañamiento y estructura, el cuidado se vuelve más sereno, más consciente. Algo similar a lo que pasa en otros ámbitos de la vida. En temas financieros, por ejemplo, muchas veces el problema no es la falta de ingresos, sino la falta de planificación. Eso lo he aprendido leyendo y escuchando mucho en casa, y también en espacios como Mi Contabilidad, donde se habla constantemente de la importancia de anticiparse y no vivir siempre apagando incendios (https://micontabilidadcom.blogspot.com/).

Con las mascotas pasa algo parecido. No se trata de esperar a que algo grave ocurra para reaccionar. Se trata de entender que la vida, incluso la de los animales, es frágil, cambiante, y que merece cuidado continuo. Que un seguro o una prepagada no son una frialdad financiera, sino una forma de responsabilidad afectiva.

También me llama la atención cómo este tipo de iniciativas reflejan una transformación más amplia en la forma en que las empresas se relacionan con las personas. Ya no basta con vender un producto. Hoy se habla de ecosistemas, de acompañamiento, de experiencia. De entender al usuario como alguien que siente, que se preocupa, que busca sentido. Eso es algo que se repite mucho en los análisis que he leído en Todo En Uno.NET, donde se insiste en que la tecnología y los servicios solo tienen valor cuando están al servicio de la vida real, de las personas, de sus contextos (https://todoenunonet.blogspot.com/).

En este caso, la tecnología, la logística, los modelos de negocio y las alianzas con veterinarias se articulan alrededor de una idea sencilla pero potente: cuidar mejor. Y cuidar mejor implica datos, sí, pero también ética. Implica información sensible, historiales médicos, hábitos, nombres, direcciones. Todo eso nos lleva inevitablemente a pensar en la protección de datos, incluso cuando hablamos de mascotas. Porque detrás de cada animal hay una persona, una familia, una historia. Y ese cuidado de la información también es parte del respeto. De eso se habla mucho en Cumplimiento Habeas Data – Datos Personales, donde se recuerda que la confianza se construye también desde cómo se manejan los datos, no solo desde lo que se promete (https://todoenunonet-habeasdata.blogspot.com/).

Lo interesante es que esta noticia también dialoga con algo más profundo: nuestra relación con la vulnerabilidad. Los animales nos recuerdan, sin palabras, que no controlamos todo. Que la vida puede cambiar de un momento a otro. Que cuidar no es dominar, sino acompañar. Y quizás por eso cada vez más jóvenes deciden no tener hijos por ahora, pero sí tener mascotas. No como reemplazo, sino como una forma distinta de vínculo, de compromiso, de aprendizaje emocional.

En lo personal, convivir con animales me ha enseñado más de paciencia, presencia y silencio que muchos libros. Me han enseñado a observar, a respetar los ritmos, a entender que no todo se resuelve con palabras. Y cuando leo noticias como esta, no puedo evitar conectarlas con reflexiones más espirituales, con esa idea de que todo está interconectado. Que cuidar de otro ser es, en el fondo, una forma de cuidarnos a nosotros mismos. En Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías se habla mucho de esa conexión profunda entre lo cotidiano y lo trascendente, entre lo pequeño y lo eterno (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com/).

También pienso en la contradicción que vivimos como generación. Por un lado, somos señalados como distraídos, ansiosos, pegados al celular. Por otro, somos una generación que se preocupa profundamente por el bienestar, la salud mental, el equilibrio, la sostenibilidad. Y las mascotas ocupan un lugar central en esa búsqueda. No como moda, sino como ancla. Como recordatorio de que la vida no es solo productividad y rendimiento.

Que una empresa lea eso y lo traduzca en un servicio accesible puede verse como estrategia, claro. Pero también puede verse como síntoma de un cambio cultural. De una sociedad que empieza a tomarse en serio el cuidado integral. Que entiende que prevenir es más humano que reaccionar. Que reconoce que el amor también se organiza.

En Mensajes Sabatinos he leído muchas veces reflexiones que invitan a bajar el ritmo, a mirar la vida con más profundidad, a no pasar de largo por lo que realmente importa (https://escritossabatinos.blogspot.com/). Y creo que esta noticia, aunque venga del mundo empresarial, nos invita a eso mismo: a detenernos y preguntarnos cómo estamos cuidando lo que decimos amar.

No se trata de idealizar a las empresas ni de pensar que todo se resuelve con un plan mensual. Se trata de asumir que cada decisión que tomamos, incluso una que parece pequeña como contratar o no un seguro para nuestra mascota, habla de nuestros valores, de nuestra conciencia, de nuestra forma de estar en el mundo.

Al final, esta noticia no habla solo de Laika. Habla de nosotros. De cómo estamos redefiniendo la familia, el cuidado, la responsabilidad y el vínculo con otros seres vivos. Habla de una generación que, con todas sus dudas y contradicciones, está intentando vivir con más coherencia.

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Juan Manuel Moreno Ocampo
“A veces no hay que entender la vida… solo vivirla con más verdad.”