sábado, 7 de febrero de 2026

Tu cuerpo también está aprendiendo: la salud metabólica como conversación urgente a los 21



A mis 21 años he aprendido algo que no me enseñaron en el colegio ni aparece como materia en la universidad: el cuerpo también guarda memoria, y no solo emocional. Guarda memoria de lo que comemos, de cómo dormimos, de cuánto nos movemos, de cuánto estrés normalizamos y de cuántas veces ignoramos las señales porque “no es tan grave”. A eso, con el tiempo, he entendido que se le llama salud metabólica, aunque durante muchos años se haya reducido solo a cifras, diagnósticos o advertencias médicas que parecen lejanas… hasta que dejan de serlo.

Crecí escuchando conversaciones de adultos hablando de diabetes, de hipertensión, de colesterol, de cansancio crónico, de subir de peso “sin razón”. En ese momento no entendía que todo eso tenía un hilo conductor. Hoy, leyendo, observando y viviendo, empiezo a entender que la salud metabólica no es un tema de adultos mayores, ni un problema del futuro. Es una conversación urgente para quienes estamos construyendo nuestra vida ahora.

La salud metabólica, en palabras simples, es la capacidad del cuerpo para usar bien la energía. Para procesar lo que entra, regular lo que sobra, responder al estrés, mantener el equilibrio. No se trata solo de peso corporal ni de estética, aunque muchas veces el discurso público la haya reducido a eso. Se trata de cómo funciona el sistema completo: glucosa, insulina, presión arterial, lípidos, inflamación, descanso, movimiento y, algo que pocas veces se menciona con suficiente fuerza, la salud mental y emocional.

Leyendo artículos recientes —como el publicado por The New York Times en enero de 2026 sobre la importancia de la salud metabólica— entendí algo que me dejó pensando durante días: una persona puede verse “normal” por fuera y estar metabólicamente enferma por dentro. Y también lo contrario. Eso rompe muchos prejuicios y obliga a replantear la forma en la que nos miramos y juzgamos.

Vivimos en una generación hiperconectada, pero profundamente desconectada del cuerpo. Pasamos horas frente a pantallas, comemos rápido, dormimos mal, normalizamos el cansancio, romantizamos el “estar ocupados” y luego nos sorprendemos cuando el cuerpo pasa factura. Nos dijeron que éramos jóvenes, que podíamos con todo, que ya habría tiempo para cuidarnos. Nadie nos explicó que el metabolismo también aprende hábitos, y que lo que repetimos hoy se convierte en nuestra base de mañana.

En casa siempre escuché una frase que hoy cobra sentido: el cuerpo no miente. Puedes engañar a otros, incluso a ti mismo, pero el cuerpo siempre responde. Responde cuando no duermes, cuando comes sin conciencia, cuando vives en alerta constante, cuando conviertes el estrés en rutina. Y responde lento, casi en silencio, hasta que un día deja de hacerlo.

Hablar de salud metabólica también es hablar de contexto social. No todos tienen acceso a alimentos de calidad, a tiempo para cocinar, a espacios seguros para moverse, a información clara. Por eso esta conversación no puede ser moralista ni culpabilizadora. No se trata de “fuerza de voluntad”, sino de sistemas, de educación, de acompañamiento y de decisiones colectivas. En ese sentido, reflexiones que he leído en espacios como Organización Empresarial TodoEnUno.NET (https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/) me han ayudado a entender cómo la salud, la productividad y la sostenibilidad humana están profundamente conectadas, incluso en entornos empresariales y tecnológicos.

La tecnología, paradójicamente, puede ser aliada o enemiga. Tenemos relojes inteligentes que miden pasos, sueño, frecuencia cardíaca. Aplicaciones que cuentan calorías, que sugieren rutinas, que monitorean hábitos. Pero ninguna app reemplaza la conciencia. Ningún algoritmo decide por ti cuándo parar, cuándo descansar, cuándo escuchar lo que duele. Ahí entra algo más profundo, algo que he aprendido leyendo y escribiendo en espacios como Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com/): la conexión interior, la espiritualidad cotidiana, la capacidad de escucharnos sin juicio.

La salud metabólica también se ve afectada por emociones no resueltas. Estrés crónico, ansiedad, tristeza sostenida. El cuerpo vive en modo defensa, libera cortisol constantemente, altera el equilibrio hormonal. No es casualidad que muchas enfermedades modernas tengan relación directa con el ritmo de vida que llevamos. No es debilidad, es biología.

Algo que me marcó fue entender que no basta con “comer bien” de lunes a viernes y desordenarse el fin de semana. El cuerpo no entiende de calendarios sociales. Entiende de repetición. De señales constantes. De hábitos que se sostienen en el tiempo. Y eso no significa vivir restringidos, sino vivir con intención.

En Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com/) he leído reflexiones que, aunque no hablen directamente de metabolismo, sí hablan de presencia, de pausa, de sentido. Y he descubierto que cuidar la salud metabólica también es permitirnos descansar sin culpa, disfrutar la comida sin ansiedad, movernos por gusto y no por castigo, dormir como acto de respeto propio.

Desde mi propio blog, El Blog Juan Manuel Moreno Ocampo (https://juanmamoreno03.blogspot.com/), he escrito varias veces sobre esta tensión entre lo que sabemos y lo que hacemos. Sabemos que dormir es importante, pero dormimos poco. Sabemos que el estrés enferma, pero lo glorificamos. Sabemos que el cuerpo habla, pero preferimos no escucharlo. Tal vez la verdadera madurez no llega con la edad, sino cuando empezamos a cuidar lo que nos sostiene.

También he aprendido, gracias a conversaciones familiares y a contenidos como los de Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com/), que la salud no es solo individual. Es heredada, compartida, aprendida. Los hábitos se transmiten, las creencias también. Cambiar nuestra relación con la salud metabólica puede ser un acto de amor hacia quienes vienen después.

No escribo esto desde la perfección. Escribo desde la contradicción. Desde los días en los que me cuido y desde los días en los que no. Desde el aprendizaje constante. Desde entender que no se trata de control absoluto, sino de conciencia progresiva.

La salud metabólica no es una moda. Es una base silenciosa. Es la diferencia entre vivir con energía o sobrevivir con cansancio. Es una conversación que necesitamos tener sin miedo, sin culpa y sin simplificaciones.

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Juan Manuel Moreno Ocampo
“A veces no hay que entender la vida… solo vivirla con más verdad.”

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