Hay decisiones que parecen pequeñas hasta que pasan los años y entendemos todo lo que pudieron cambiar. Una de ellas, quizás, es decidir en qué invertir nuestras cesantías. Mientras leía que los colombianos siguen utilizando muy poco este ahorro para estudiar, no pude evitar preguntarme si realmente somos conscientes del poder que tiene la educación para transformar una vida.
Vivimos en un país donde muchas personas trabajan con esfuerzo durante años esperando mejorar su calidad de vida. Algunos sueñan con tener casa propia, otros con montar un negocio y muchos simplemente quieren llegar tranquilos al final del mes. Todos esos sueños son válidos. Sin embargo, hay uno que, en ocasiones, dejamos para después: invertir en nosotros mismos.
Lo curioso es que la educación no solo sirve para conseguir un diploma. Sirve para cambiar la manera en la que pensamos, para descubrir oportunidades donde antes solo veíamos problemas y para entender que el conocimiento es una inversión que nadie puede quitarnos.
Según los datos publicados por Portafolio y respaldados por cifras de Asofondos, el porcentaje de colombianos que utiliza sus cesantías para educación sigue siendo muy bajo frente a otros destinos, especialmente la vivienda. Esto demuestra que, aunque la ley permite usar este ahorro para financiar estudios propios o de la familia, muchas personas aún no consideran esta opción como una prioridad.
Y no los juzgo.
Porque cuando una familia tiene dificultades económicas, es normal pensar primero en pagar deudas, mejorar la casa o solucionar necesidades inmediatas. Nadie puede ignorar esa realidad. Pero también creo que, muchas veces, nos acostumbramos tanto a sobrevivir que dejamos de invertir en aquello que podría cambiar nuestro futuro de manera permanente.
Recuerdo que desde pequeño escuchaba una frase que decía que "el conocimiento pesa menos que cualquier maleta". En ese momento no entendía completamente su significado. Hoy sí.
Puedes perder dinero.
Puedes perder un empleo.
Puedes perder muchas cosas materiales.
Pero nadie puede quitarte aquello que aprendiste.
Vivimos en una época donde aprender nunca había sido tan accesible. Existen universidades, cursos virtuales, diplomados, certificaciones internacionales e incluso plataformas gratuitas que permiten desarrollar habilidades muy valiosas. La inteligencia artificial, la programación, el marketing digital, el análisis de datos, los idiomas y muchas otras competencias están redefiniendo el mercado laboral.
La pregunta ya no es únicamente cuánto dinero tenemos.
La verdadera pregunta es cuánto estamos dispuestos a invertir en nuestra capacidad de seguir creciendo.
Muchas personas esperan "el momento perfecto" para estudiar.
Cuando tenga tiempo.
Cuando gane más.
Cuando termine de pagar una deuda.
Cuando los niños crezcan.
Cuando la economía mejore.
Pero la realidad es que casi nunca existe ese momento ideal. Siempre aparecerá una nueva responsabilidad.
Por eso las cesantías representan una oportunidad tan interesante. Son un ahorro pensado para brindar tranquilidad en determinados momentos, pero también pueden convertirse en una herramienta para abrir nuevas puertas.
No significa que todos deban utilizarlas para estudiar.
Cada familia conoce su realidad.
Cada persona tiene prioridades distintas.
Sin embargo, vale la pena detenernos un instante y preguntarnos si realmente estamos viendo la educación como un gasto o como una inversión.
Porque son dos cosas completamente diferentes.
Un gasto termina cuando pagamos.
Una inversión sigue dando resultados durante años.
Quizás por eso admiro tanto a quienes, aun teniendo limitaciones económicas, deciden volver a estudiar después de muchos años, aprender una nueva profesión o actualizar sus conocimientos. No porque sea fácil, sino porque entienden que el crecimiento personal nunca tiene fecha de vencimiento.
También creo que debemos cambiar la idea de que estudiar únicamente significa entrar a una universidad durante cinco años.
Hoy aprender también significa leer más.
Escuchar buenos pódcast.
Tomar cursos especializados.
Aprender herramientas digitales.
Desarrollar habilidades blandas.
Entender cómo funciona el mundo financiero.
Capacitarse constantemente.
El aprendizaje ya no termina cuando recibimos un diploma.
Empieza precisamente ahí.
Vivimos en una sociedad que cambia demasiado rápido. Profesiones que hace diez años parecían imposibles hoy son altamente demandadas. Tecnologías que apenas conocíamos ahora hacen parte de nuestra rutina diaria.
Por eso quedarse quieto también tiene un costo.
Mientras otros aprenden nuevas habilidades, quien deja de actualizarse corre el riesgo de quedarse atrás.
No lo digo para generar miedo.
Lo digo porque cada vez estoy más convencido de que el conocimiento será uno de los activos más valiosos de este siglo.
En varias ocasiones he compartido en mi blog que el crecimiento personal comienza cuando entendemos que la mejor inversión no siempre está en los bancos ni en los bienes materiales, sino en aquello que fortalece nuestra mente, nuestros valores y nuestra capacidad para servir a los demás. Esa idea ha acompañado muchas de mis reflexiones publicadas en https://juanmamoreno03.blogspot.com.
También pienso que la educación no solo transforma al estudiante. Transforma a toda una familia.
Cuando una persona aprende, comparte.
Cuando comparte, inspira.
Cuando inspira, otros también se atreven a crecer.
Así comienzan los verdaderos cambios sociales.
No con discursos enormes.
Sino con pequeñas decisiones repetidas durante muchos años.
Tal vez por eso la noticia no debería verse únicamente como una estadística.
Debería convertirse en una invitación.
Una invitación para preguntarnos qué estamos haciendo hoy por nuestro futuro.
Porque dentro de cinco o diez años probablemente no recordaremos cuánto dinero gastamos en muchas cosas pasajeras.
Pero sí recordaremos ese curso que nos abrió una oportunidad.
Ese diplomado que nos permitió ascender.
Ese idioma que nos conectó con el mundo.
Ese libro que cambió nuestra manera de pensar.
O esa decisión valiente de utilizar una parte de nuestros recursos para seguir creciendo.
No importa la edad que tengamos.
Siempre estamos a tiempo de aprender algo nuevo.
Y quizás ese sea el verdadero mensaje.
Las cesantías pueden ayudar a construir una casa.
Pero la educación tiene el poder de construir una vida.
Gracias por llegar hasta aquí. Ojalá esta reflexión nos motive a pensar menos en el corto plazo y un poco más en la persona que queremos ser dentro de algunos años.
Facebook: https://www.facebook.com/Juliocesarmd21
Twitter: https://x.com/JUANMAMORENO03
Comunidad de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/Hpl3yMU9T154jdVp5fTHb2
Grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/BUta8KNDjq2GHM0z7RmkLG
Comunidad de Telegram: https://t.me/todoenunonet
Grupo de Telegram: https://t.me/todoenunonet
👉 ¿Quieres más tips como este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp.
— Juan Manuel Moreno Ocampo
"El futuro rara vez cambia de un día para otro; casi siempre comienza con la decisión silenciosa de seguir aprendiendo hoy."
