viernes, 13 de marzo de 2026

Menos ninis, mismas preguntas: ¿qué hay detrás de la reducción de jóvenes que ni estudian ni trabajan en Colombia?



Crecí escuchando que mi generación lo tenía “todo más fácil”. Internet, oportunidades, información a un clic. Y sin embargo, también crecí viendo a amigos perdidos, cansados antes de tiempo, con una ansiedad que no se cura solo con likes ni con frases motivacionales. Por eso, cuando leí que en Colombia el número de jóvenes que ni estudian ni trabajan —los famosos ninis— bajó a su nivel más bajo en ocho años, sentí algo raro en el pecho. Una mezcla de alivio, duda y esa pregunta incómoda que me acompaña desde hace tiempo: ¿qué significa realmente que haya menos ninis?

La cifra, según el DANE, habla de una reducción importante. Son menos jóvenes fuera del sistema educativo y del mercado laboral. A primera vista, suena como una buena noticia. Y lo es. No voy a negarlo. En un país donde el futuro suele sentirse frágil, cualquier señal de avance merece celebrarse. Pero también aprendí, por experiencia propia y por lo que escucho en conversaciones reales, que los números no cuentan toda la historia. A veces la esconden.

Porque una cosa es “no ser nini” en una estadística, y otra muy distinta es sentirse incluido, acompañado y con sentido. Muchos jóvenes hoy estudian y trabajan, sí, pero en condiciones precarias, con horarios rotos, contratos temporales, salarios que apenas alcanzan, carreras que no conectan con lo que sueñan ni con lo que el país necesita. ¿Dejaron de ser ninis o solo cambiaron de etiqueta?

Mi generación no es perezosa, como a veces la pintan. Está cansada. Cansada de promesas rotas, de estudiar para terminar endeudada, de trabajar sin estabilidad, de sentir que el esfuerzo no siempre se traduce en dignidad. Por eso, cuando veo esta reducción, me pregunto cuántos de esos jóvenes están realmente bien y cuántos simplemente aprendieron a sobrevivir dentro de un sistema que no siempre los ve.

También hay algo que no se dice suficiente: muchas mujeres jóvenes dejaron de ser “ninis” en las cifras, pero siguen cargando con trabajos invisibles. Cuidado de hermanos, hijos, adultos mayores, labores domésticas no remuneradas. En el papel aparecen activas o inactivas según convenga, pero en la vida real están sosteniendo hogares enteros. Y eso no siempre se reconoce como trabajo, ni se acompaña con políticas reales.

No todo es negativo. Sería injusto no reconocer los esfuerzos. Hay programas de formación técnica, becas, iniciativas de empleo joven, emprendimientos digitales que antes no existían. La tecnología, bien usada, abrió puertas. Yo mismo soy hijo de ese cruce entre lo digital y lo humano. Escribo, aprendo, conecto, gracias a un ecosistema que mezcla tradición familiar con nuevas herramientas. En espacios como TODO EN UNO.NET (https://todoenunonet.blogspot.com) he visto cómo la tecnología puede ser una aliada cuando se pone al servicio de las personas y no al revés. Pero incluso ahí, la pregunta sigue siendo la misma: ¿estamos formando jóvenes para la vida o solo para cumplir indicadores?

A veces siento que nos empujan a elegir rápido. Carrera, trabajo, rumbo. Como si a los 18 o 20 ya tuviéramos todo claro. Y cuando no encajamos, cuando dudamos, aparece la culpa. Esa sensación de ir tarde, de estar fallando. Muchos ninis no eran vagos; estaban confundidos, deprimidos, desmotivados, rotos por dentro. Y eso no se arregla solo con un cupo en el SENA o con un contrato de tres meses.

He hablado con amigos que “salieron” de la categoría nini, pero entraron en algo igual de duro: jornadas eternas, estudios que no les apasionan, una vida en automático. Otros encontraron sentido en caminos no tradicionales: emprendimientos pequeños, proyectos culturales, procesos comunitarios, búsquedas espirituales. Eso casi nunca aparece en las estadísticas, pero es ahí donde a veces se gesta la verdadera transformación.

Desde muy joven entendí, gracias a conversaciones familiares y a lecturas que me marcaron, que la vida no es una línea recta. En Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com) he encontrado reflexiones que me recuerdan que el valor de una persona no se mide solo por su productividad. Y en Amigo de ese ser supremo en el cual crees y confías (https://amigodeesegransersupremo.blogspot.com) confirmé algo que siento desde hace tiempo: hay búsquedas que no pasan por la universidad ni por la oficina, sino por el sentido, la fe, la conciencia.

Entonces vuelvo a la pregunta inicial. ¿Qué hay detrás de la reducción de ninis? Hay esfuerzo, sí. Hay políticas que funcionan a medias. Hay jóvenes que se levantan todos los días a darla toda, aunque nadie los aplauda. Pero también hay silencios. Hay precariedad maquillada. Hay salud mental ignorada. Hay decisiones tomadas por necesidad, no por vocación.

No podemos conformarnos con que “las cifras mejoraron”. Necesitamos preguntarnos si la vida de esos jóvenes mejoró de verdad. Si se sienten parte. Si tienen tiempo para respirar, para pensar, para equivocarse. Si pueden construir un proyecto propio sin sentir que el mundo se les viene encima cuando dudan.

Yo no quiero un país con menos ninis solo porque cambiamos la forma de contar. Quiero un país donde ser joven no sea sinónimo de angustia constante. Donde estudiar tenga sentido, trabajar sea digno y descansar no sea un lujo. Donde equivocarse no te condene. Donde preguntar “¿y ahora qué?” no te haga sentir menos.

Tal vez el reto no es solo reducir una categoría, sino ampliar la conversación. Escuchar más. Medir mejor. Acompañar de verdad. Entender que detrás de cada número hay una historia, una casa, una lucha silenciosa. Y que muchas veces, lo que más necesita un joven no es otro formulario, sino alguien que le diga: no estás mal por no tener todo claro.

Si algo he aprendido escribiendo en mi propio blog (https://juanmamoreno03.blogspot.com) y leyendo los textos que me rodean desde niño, es que la vida no se deja encasillar tan fácil. Menos ninis es una buena noticia. Pero las mismas preguntas siguen ahí, esperando respuestas más profundas, más humanas, más honestas.

¿Sentiste que esto te habló directo al corazón?
Escríbeme, cuéntame tu historia o compártelo con quien sabes que lo necesita.

Agendamiento: Whatsapp +57 310 450 7737

Facebook: Juan Manuel Moreno Ocampo

Twitter: Juan Manuel Moreno Ocampo

Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros grupos

Grupo de WhatsApp:    Unete a nuestro Grupo

Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal  

Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo

👉 “¿Quieres más tips como este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp”.

Juan Manuel Moreno Ocampo
A veces no hay que entender la vida… solo vivirla con más verdad.