Hay noticias que pasan rápido por la pantalla del celular y otras que se quedan dando vueltas en la cabeza. No porque sean alarmistas, sino porque tocan algo más profundo. Hace unos días leí sobre un caso confirmado en Latinoamérica de una especie de hongo que puede transmitirse de gatos a humanos. No es una película, no es ciencia ficción, no es una exageración para generar clics. Es real. Y, aunque no se trata de entrar en pánico, sí es una invitación clara a despertar conciencia.
Tengo 21 años y crecí rodeado de animales, de historias familiares donde los gatos no eran “mascotas” sino parte de la casa, del ritmo cotidiano, del silencio compartido. Por eso esta noticia no la leí desde la distancia, la leí desde el vínculo. Desde el afecto. Desde la responsabilidad.
Vivimos en una época extraña: hiperconectados digitalmente, pero a veces desconectados de lo básico. Nos preocupamos por virus informáticos, por ciberseguridad, por inteligencia artificial —con razón—, pero olvidamos que seguimos siendo cuerpos, biología, naturaleza viva. Que convivimos con otros seres y que esa convivencia implica cuidados mutuos.
El caso del que se habla tiene que ver con una micosis, una infección causada por hongos, que en este caso puede transmitirse de gatos a humanos por contacto directo. No es nuevo en el mundo, pero sí es reciente su confirmación en nuestra región. Y cuando algo así aparece cerca, deja de ser una noticia lejana y se vuelve espejo.
Lo primero que pensé fue en cómo reaccionamos como sociedad ante este tipo de alertas. Hay dos extremos peligrosos: el miedo irracional y la indiferencia total. En medio de ambos hay un punto mucho más sano: la información consciente. Entender sin exagerar. Cuidar sin señalar. Actuar sin culpar.
Los gatos no son el problema. Nunca lo han sido. El problema es la falta de conocimiento, el abandono, la desinformación, la irresponsabilidad humana. Lo mismo pasa con casi todo. Tendemos a buscar un culpable externo cuando en realidad el llamado es interno: ¿cómo estamos cuidando?, ¿cómo estamos conviviendo?, ¿cómo estamos entendiendo nuestra relación con el entorno?
Esta noticia también me llevó a pensar en algo más amplio: la forma en que la salud humana, la salud animal y la salud del planeta están profundamente conectadas. No son compartimentos separados. Lo que afecta a uno, termina afectando a los otros. Esa idea no es nueva, pero cada vez es más evidente.
En casa siempre escuché hablar de responsabilidad. No solo en el sentido legal o empresarial, sino en el humano. Esa responsabilidad que también se refleja en cómo tratamos los datos personales, la información sensible, la intimidad. Curiosamente, mientras leía sobre este caso, recordé varios artículos del blog de Cumplimiento Habeas Data – Datos Personales (https://todoenunonet-habeasdata.blogspot.com/), donde se insiste en algo clave: cuidar no es opcional, es un deber ético. Y aunque allí se hable de datos y aquí de salud, el fondo es el mismo: respeto por la vida del otro.
No se trata de dejar de abrazar a nuestros gatos, ni de mirarlos con miedo. Se trata de estar atentos a señales, de llevarlos al veterinario, de no normalizar heridas, de no minimizar cambios en la piel, de entender que el amor también se expresa en el cuidado preventivo. A veces creemos que querer es solo acariciar, pero querer también es informarse.
Como joven, me duele ver cómo muchas veces reaccionamos tarde. Esperamos a que el problema escale para entonces sí preguntarnos qué pasó. Y esto no solo aplica a temas de salud. Pasa en lo emocional, en lo social, en lo espiritual. Ignoramos pequeñas señales hasta que se vuelven imposibles de ignorar.
En Bienvenido a mi blog (https://juliocmd.blogspot.com/) he leído y escrito muchas veces sobre la importancia de escuchar antes de que sea tarde. Escuchar al cuerpo, a la mente, al entorno. Este caso del hongo es, en el fondo, otra forma en que la vida nos habla bajito, antes de gritar.
También pensé en cómo la tecnología puede jugar un papel clave aquí. Hoy tenemos acceso a información, a alertas sanitarias, a comunidades de apoyo, a profesionales. Pero el acceso no garantiza conciencia. Podemos tener toda la data del mundo y aun así seguir actuando igual. Ahí es donde entra la reflexión, esa que no se puede automatizar.
En TODO EN UNO.NET (https://todoenunonet.blogspot.com/) se habla mucho de la tecnología con propósito, de no usarla por usarla. Creo que este es un ejemplo claro: la información está, pero el propósito es cuidarnos mejor, no generar paranoia ni clicks vacíos.
Hay algo más que me inquieta y quiero decirlo con honestidad: vivimos en una cultura que ama a los animales cuando son tiernos, pero los abandona cuando requieren responsabilidad. Este tipo de noticias también deberían llevarnos a cuestionar el abandono animal, la falta de controles, la reproducción irresponsable, la ausencia de políticas reales de bienestar animal.
No podemos hablar de salud pública sin hablar de ética colectiva. Sin hablar de cómo tratamos a los más vulnerables, humanos o no humanos. En Mensajes Sabatinos (https://escritossabatinos.blogspot.com/) hay reflexiones que siempre regresan a esa idea: lo que haces con lo pequeño revela quién eres con lo grande.
Este no es un blog para asustarte. Es un blog para invitarte a mirar con más atención. A no vivir en automático. A entender que compartir la vida con otros seres implica una responsabilidad que va más allá del cariño.
Tal vez esta alerta pase y no escuchemos más del tema por un tiempo. Tal vez surjan otras noticias que la tapen. Pero lo importante no es la duración del titular, sino lo que hacemos después de leerlo.
Yo, por mi parte, elijo quedarme con la pregunta: ¿estoy cuidando de verdad? ¿Estoy informado o solo tranquilo por costumbre? ¿Estoy conectado con la vida que me rodea o solo con la pantalla?
Porque al final, estas noticias no hablan solo de hongos o enfermedades. Hablan de nosotros. De nuestra forma de habitar el mundo. De nuestra conciencia colectiva.
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